Francia vive este jueves el primer gran duelo de los sindicatos con el presidente Nicolás Sarkozy, un pulso que determinará las reformas que el gobierno pueda implementar en el país en los próximos tiempos.
La huelga es vista como la primera prueba para la voluntad reformista de Sarkozy, pero al mismo tiempo representa un examen del poder real que tienen en estos días los sindicatos franceses.
"Vamos a ver qué tipo de relación se va a establecer entre el gobierno y los sindicatos. Esto tiene una gran importancia para el resto de la presidencia (de Sarkozy)", explicó Olivier Dabene, profesor del Instituto de Estudios Políticos de París, en diálogo con BBC Mundo.
Sarkozy llegó al poder hace cinco meses con la promesa de aplicar reformas estructurales que devuelvan dinamismo a la economía francesa, y ahora asegura que mantendrá los planes, confiado en que goza de apoyo popular.
"Hay reformas que todos saben que debieron haberse implementado pero que nunca se hicieron", dijo Sarkozy el pasado martes. "Nosotros lo haremos, en calma pero firmes".
En particular, lo que ha desatado la huelga de hoy jueves, es su anuncio de que terminará los regímenes "especiales" en las pensiones de los trabajadores de transporte y energía (por ejemplo, retiros anticipados), concebidos en el pasado para resarcirlos por tareas que se consideraban pesadas.
Esos regímenes benefician a cerca de un millón y medio de empleados y se consideran el primer paso hacia una transformación general del sistema de pensiones prevista por el gobierno.
Pero muchos recuerdan que un plan similar de reformas en 1995 se desplomó tras una serie de huelgas masivas que paralizó Francia durante tres semanas.
Hasta ahora, Sarkozy ha logrado poner en duda los augurios de una alta conflictividad durante su mandato, en parte porque incorporó a figuras de la izquierda en su gobierno.
En toda Francia no hay casi trenes, buses ni metro, y el paro podría extenderse al fin de semana.
"Ahora viene el tiempo de las decisiones más difíciles y los franceses se dan cuenta de que (Sarkozy) no va a dar marcha atrás, entonces el carácter un poco contradictorio o conflictivo de las decisiones va a generar una serie de conflictos sociales", pronosticó Dabene.
Algunas encuestas marcan un descenso en la alta popularidad del presidente francés, pero son contradictorias sobre el apoyo que tiene la huelga de este jueves.
Un sondeo de IFOP indicó que 61% de los franceses considera que la protesta "no está justificada", pero otra encuesta de CSA para el periódico comunista L'Humanité indicó que 54% está a favor.
"Esta prueba de fuego nos va a servir para medir la capacidad de movilización de todos los sectores y a partir de ahí, si vemos que esto va en aumento, iremos apretando más las tuercas nosotros", dijo a BBC Mundo Andrés Fada, dirigente de la central sindical CGT.
Sin embargo, la estrategia también supone riesgos para los sindicatos franceses, que han perdido masivamente afiliados en las últimas décadas y ahora se proponen demostrar que pueden torcer el brazo a un nuevo gobierno.
La primera huelga en la gestión de Sarkozy
El presidente francés enfrenta una huelga de 24 horas de los trabajadores de los sectores de transporte y energía.