Ricky Martin tiene una simpatía estremecedora y una sensualidad pocas veces vista.
Definitivamente, no estoy aquí para transmitirles nada de OneWold Tour, MDZol ha mandado al rocker Gonzalo Arroyo, que bien ha sabido hacerlo. Yo quiero brindarles el costado femenino, eso que hizo que las 3.500 personas presentes en el primer show de Ricky Martin en Mendoza no se fueran con gusto a poco.
Lo que brilla en el escenario no son las 10 pantallas led, ni los músicos que lo acompañan, tampoco su docena de bailarines perfectamente coordinados. Lo que brilla sobre el escenario es el puertorriqueño, que bien podría pararse solo y refulgir de la misma manera, abusando de su deslumbrante belleza y sex-appeal.
Las luces se encendieron y un elevador permitió que el cantante saliera a escena desde lo más alto del Stadium del Arena Maipú. Con la sonrisa tímida que lo caracteriza y lo hace parecer un niño, aún a sus 44 años, invitó a todos sus fans a bailar Adrenalina. Subió la adrenalina.
A menos de 5 metros de distancia pudimos apreciarlo y, sin temor a equivocarme, les aseguro que jamás, en ningún lugar del mundo, vi una cara tan simétrica y perfecta. Pero si sólo fuera eso podríamos decir que la vida es la justa, ¡pues no! Además, baila como los dioses, tiene movimientos suaves y acabados: Mira un punto imaginario, gira a 360 grados y vuelve al punto imaginario, estira los brazos en líneas rectas, casi medidas con escuadra, logra una impecable disociación en el movimiento de la parte superior e inferior del cuerpo y levanta la pierna a centímetros de la cara sin perder la línea. ¿Qué más se le puede pedir?
Las que no leyeron el libro 50 sombras de Grey y querían saber qué genera, bueno, genera lo mismo que este hombre dos horas arriba del escenario. Sonríe ingenuo, como cuando cantó “El amor de mi vida”: “Eres el amor de mi vida, te lo dice mi corazón, que no te olvida…” pero no pudo seguir, porque se olvidó la letra. También es sexy, y eso nadie lo duda cuando se para con la mano derecha en el bolsillo, agita la izquierda y mira de reojo. Sabe que ellas enloquecen.
Habló poco en el show, hace 5 días que está en Mendoza, sabemos que disfrutó de nuestros vinos en la bodega The Vines, cosechó junto a sus hijos y enloqueció con la provoleta, pero no hizo referencia a nada de esto frente a su público. Sólo invitó a “olvidarse de los problemas”, y realizó su típico juego desde el escenario, donde divide al público en dos y lo hace bailar y competir entre sí.
Luego quiso hacer algo similar nuevamente, pero dio las indicaciones en inglés y no logró que el público se sume. Por cierto, ¡en Argentina “La Copa de la vida”, se canta en español. Ojalá alguien se lo advierta para el show de esta noche!.
El espectáculo está diseñado para que Ricky logre 6 cambios de vestuario, siempre con pantalón negro, primero lo vimos con un remerón negro con detalles de cuero del mismo color, luego deleitó con una camisola blanca casi hasta la rodilla, más tarde un blazer satinado bordeaux, que se sacó y dio paso a la camisa del mismo color, para pasar a un look más descontracturado, de remera blanca apretada al cuerpo y cerró con musculosa negra, cantando “La mordidita”.
Obsesivo con su jopo, tanto que lo acomodó constantemente, hasta en el momento de la despedida, para las últimas fotos, cuando el cantante salió de escena gracias a una pantalla que descendió y lo cubrió, hasta la próxima.