La modelo, un poco por despecho y otro tanto para marcarle la cancha, no lo deja entrar más al la casa de Núñez y lo atiende, sí, en la vereda.
Son múltiples los costos de una separación. El desmembramiento familiar siempre trae aparejada la necesidad imperiosa de un reordenamiento, de un reacomodamiento de horarios y de cambios repentinos que a veces son difíciles de implementar de un momento a otro. Que pasar a buscar a los chicos en tiempo y forma, que ponerse de acuerdo en el pago del colegio y de la prepaga, que mañana no puedo tenerlos y necesito que te hagas un lugar… A no confundirse. La ruptura de una pareja no interrumpe el diálogo. Por el contrario, lo profundiza. En otros términos, obviamente. Un ejemplo: Pampita y Benjamín Vicuña, se sabe, se distanciaron en medio de un verdadero escándalo.
Ninguno de los dos quiso aceptar el tropezón conyugal frente a la prensa y en cada una de sus declaraciones prevaleció más el resentimiento con los periodistas que la cordura para manejar con inteligencia una situación delicada. Trascendieron audios en los que la modelo lo agrede verbalmente duro y parejo, acusando al chileno de haberle sido infiel en reiteradas oportunidades y responsabilizándolo por la disolución del hogar. A Vicuña no le quedó otra que armar el bolsito y partir. Una decisión que reflejó su sentimiento de culpa y que lo despojó de cualquier argumento para usar en su defensa. Para ser más claros: el actor, con el solo hecho de irse, admitió indirectamente que el amor con su mujer se estaba precipitando al vacío y que este escenario motorizaba su conducta picaflor.
Ni públicamente ni tampoco en la intimidad, en esas charlas que mantuvieron en el Racket Club de Palermo mientras sus hijos realizaban prácticas deportivas, el actor se atrevió a negar, con firmeza, su proclividad a rendirse frente a toda pollera que anime a provocarlo aunque sea a la pasada. Frente a esto, Pampita determinó mostrarle los dientes. Y ladrarle en caso de hacer falta. Porque desde el mismo instante en que se separaron, y más aún al no encontrar en el trasandino un espíritu sensato con respecto al deseo de reconciliarse, su determinación fue hacerle la guerra fría.
¿De qué manera? Haciéndole padecer sin contemplaciones las consecuencias de los condicionamientos y los perjuicios que genera una separación, prácticamente sin ningún tipo de concesiones. O sea: puntualidad para adecuarse a un régimen de visitas, claridad para informar cada uno de los lugares a los que llevará a los hijos (Benicio, Beltrán y Bautista) y, por sobre todas las cosas, madurez para entender que en casa ya no es bienvenido. Sí, porque Benjamín tiene vedado el ingreso: tanto cuando los viene a buscar como cuando los trae de regreso, los recibe o los despide en la puerta de calle. Pampita está enojada y ya le marcó la cancha. El despecho y la bronca la desbordaron.
Paparazzi.