Julio de 2012. El estreno del film Batman: el caballero de la noche asciende se salda con 12 muertos y 59 heridos, tras la irrupción del atacante James Holmes, de 24 años, que iba ataviado con un chaleco antibalas y portaba dos pistolas y un fusil. Vestía de negro, con casco y máscara, el pelo rojo (en un presunto homenaje a El Joker, el antagonista de Batman)... uno más entre tantos otros disfraces para asistir a la proyección con el traje adecuado.
Por ello, algunos cines de Estados Unidos están tomando precauciones ante la posibilidad bastante segura de que buena parte de los fans de Star Wars acudan a ver El despertar de la fuerza vestidos como los personajes de la saga de Lucas.
Se admiten disfraces, pero ningún elemento que cubra el rostro (algo que dificulta bastante vestirse de Darth Vader, R2-D2, C3-PO, Yoda o de stormtrooper, entre los más emblemáticos personajes) o portar espadas láser y armas simuladas. Incluso una réplica de la ballesta marca registrada de Chewbacca.
Al no permitirse máscaras, hay menos posibilidades de que un atacante pueda entrar en un teatro, matar a la gente, y alejarse sin ser identificado. En cuanto a las armas van, al margen de lo obvio, los cines americanos quieren evitar apasionamientos excesivos ocurridos ya en el pasado. Peleas de entusiastas que comienzan siendo un juego y terminan en verdaderas batallas.
Cualesquiera que sean las razones, estas son sólo las últimas de las medidas de seguridad que se han implementado en los cines como respuesta al aumento de los incidentes violentos en las proyecciones.
Además del tiroteo en Lafayette, Louisiana, también ha habido de peleas, agresiones, y los similares. De momento Cinemark es la primera cadena que ha advertido sobre tales restricciones, ante la avalancha de compra de entradas para ver la nueva entrega de Star Wars.
Fuente: hoycinema.abc.es