"Relatos salvajes", sublime desmesura

La nueva película de Damián Szifrón sorprende con una colección de seis historias breves en las que los personajes pierden el control. Compacta, precisa y apasionada; logra superar el tono solemne y discursivo que reina en el cine argentino industrial.

Nueve años después de Tiempo de valientes, el eterno "baby face" Damián Szifrón regresa a la pantalla grande con Relatos salvajes. Esta colección de seis historias breves - una a modo de introducción y otras cinco planteadas con mayor desarrollo - ahonda en situaciones cotidianas en las que estalla la violencia y el descontrol de los personajes. 

Lo primero que puede elogiarse en la nueva creación de Szifrón es el inmenso logro de generar una película compacta a partir de segmentos. Lo más común en este tipo de propuestas, es que algunas historias brillen por encima de otras. En cambio aquí, más allá de la empatía personal que el espectador establezca con cada episodio; hay un engranaje narrativo y formal que funciona a la perfección, manteniendo en alto la expectativa de la platea desde el comienzo hasta el final.

Otro enorme acierto de estos relatos tiene que ver sin dudas con sus protagonistas. Un elenco de profesionales que incluye a estrellas como Ricardo Darín, Oscar Martínez, Leonardo Sbaraglia, Darío Grandinetti, Érica Rivas, Julieta Zylberberg y Rita Cortese. Más allá del atractivo comercial de estos nombres, resultaría impensable encarar una película de estas características sin el apoyo de un equipo de actores capaces de aportar una gama de matices a sus criaturas. Lejos de cualquier pose de ego, o de resolver su interpretación de taquito, cada uno de los integrantes del elenco aporta una performance tan precisa como impecable.

De un solo saque, el mentor de la exitosa serie Los simuladores, logra conquistar varias metas. Por un lado, Relatos salvajes no es el tipo de película argentina que logra arribar al festival de Cannes. Su impronta de cine de género concebido a lo grande, está lejos de la textura "indie" de los anteriores exponentes nacionales que han paseado por la alfombra roja del prestigioso certamen. Y a su vez, Relatos salvajes se despega de las características generales de los films que aspiran a la Palma de Oro. Su constante apelación al humor y al desparpajo, poco tiene que ver con el grado de formalidad y densidad intelectual de las habituales competidoras.

 Cuando hace un par de semanas, MDZ tuvo la chance de dialogar a solas con Damián Szifrón, el realizador nos definía su creación como "una película desfachatada". Precisamente, lo más atractivo de su arrolladora propuesta es que por fuera logra verse como una señora producción, formalmente perfecta; pero por dentro es como un chico libre y furioso. Relatos salvajes desafía a ese cine argentino que cada vez que habla sobre situaciones de violencia no puede evitar ponerse solemne y discursivo. Szifrón en cambio, no le teme a la desmesura y se lanza a una desbordante mezcla de tensión dramática y humor descarnado, que prioriza la eficacia narrativa por encima de la idea de inundar al espectador con mensajes aleccionadores.  

 Más allá de la ausencia de sermones, hay una apasionante lectura social que atraviesa a las seis historias, y que tiene que ver con la revancha de los oprimidos, es decir de los que se encuentran en desventaja en la estructura de poder. Ya sea en un avión, en una ruta, en plena calle, en una coqueta casa, o en una fiesta de casamiento; estas criaturas sofocadas por un sistema o por una dinámica de vínculos corruptos, están listas para estallar. Relatos salvajes nos invita a un festín de seres fuera de control, sobrepasando el mero brote de furia con una visión que más allá del arraigo nacional, pinta al mundo caótico en que vivimos. El cine industrial argentino vuelve a respirar pasión y libertad. Que el fuego no se apague. 


 Relatos salvajes / Argentina / 2014 / 121 minutos / APM 16 / Dir.: Damián Szifrón / Int.: Ricardo Darín, Erica Rivas, Oscar Martínez, Leonardo Sbaraglia, Darío Grandinetti, Rita Cortese, Julieta Zylberberg / Música: Gustavo Santaolalla