Cuando en el verano pasado se reestrenó en versión remasterizada la primera entrega de la saga de Bañeros, muchos nostálgicos del cine chatarra de los '80 acudieron en masa a las salas. Ese humor chapucero, aquel criterio de producción berreta y las figuras protagónicas entre vintage y bizarras; son algunas de las claves por las que los dos primeros capítulos de esta serie playera se transformaron en objetos de culto para la generación VHS.
Vamos a las figuras. En el debut de la saga, estrenado en 1987, aparecían íconos entrañables de aquel momento de destape post reapertura democrática, como Adrián "Facha" Martel, Gino Renni, Mónica Gonzaga y Berugo Carámbula. Hoy sólo subsiste la sombra de Emilio Disi, que si bien hace lo que puede en esta Bañeros 4: los rompeolas, luce desconectado del pelotón de los ex soldados de Marcelo Tinelli, conformado por Mariano Iúdica, Pablo Granados, Pachu Peña y Freddy Villarreal. La troupe ya había aparecido en Bañeros 3, todopoderosos, el desafortunado regreso de la saga de 2006; y aquí vuelve a desplegar su arsenal de pavadas sin gracia, que parece estar dirigido directamente al público que sigue el programa Peligro sin codificar.
El principal problema de estos Bañeros de hoy es su falta de actualización. Al estar demasiado atada a las fórmulas de las películas pioneras de la serie, su humor se presenta desgastado y fuera de tiempo. Por otro lado, es imposible poner en marcha algún tipo de dispositivo nostálgico, dado que el mencionado ex trío Tinelli todavía no encaja en la categoría "seleccionado bizarro del recuerdo". Alguna gloria de ese rubro como Paolo "El Rockero", en esta oportunidad sólo tiene un par de minutos en pantalla.
La anécdota de esta Bañeros 4 es mínima. El balneario y el aquarium en el que se desarrolla el asunto, corren peligro de ser arrasados por un inescrupuloso villano que pretende construir allí un casino. Es sabido que estas películas no necesitan precisamente una ingeniería de guión, pero sí al menos un puñado de gags eficaces. Nada de eso hay en este festival de torpezas, chivos de marcas, errores de continuidad, actuaciones desbordadas y explotación misógina. Es un despropósito que comediantes como Fátima Florez y Gladys Florimonti estén absolutamente desperdiciadas y que entre los planos de las curvas de Luciana Salazar y Karina Jelinek, no se haya captado ni siquiera una pizca del espíritu naif de la ex de Fariña.
En medio de tanto despliegue de vulgaridad y desolación de ideas, lo único que medianamente se rescata de esta producción es la nobleza del reino animal. Sin ser esto una referencia a las bestias que hicieron posible este engendro, con el director Rodolfo Ledo a la cabeza; sino a la amabilidad de los delfines, lobitos marinos, loros y demás bichos que prestaron sus servicios a este robo disfrazado de película.
Muchas veces, los films se definen a partir de su grado de pertenencia a la época en que fueron realizados. En este sentido, Bañeros 4 parece ser producto de una resaca perdida en el tiempo. Intenta conectar con la nostalgia y se hunde, y como exponente del actual cine argentino industrial luce totalmente desubicado. Recordar con cierto cariño aquel cine clase B de los '80 podrá tener su encanto. Celebrar esta porquería y contribuir con el valor de la entrada, no. Eso de que todo tiempo pasado fue mejor es una vil mentira. El cine nacional de hoy ha logrado conquistar, con mucho esfuerzo, un aceptable nivel de dignidad. En medio de un paisaje fílmico que apuesta por el paraíso, esta playa rancia amenaza con olas de mal gusto y un mar demasiado tóxico.
Bañeros 4: Los rompeolas / 2014 / Argentina / Comedia / ATP / 85 minutos / Dir.: Rodolfo Ledo / Int.: Emilio Disi, Karina Jelinek, Mariano Iudica, Pachu Peña, Pablo Granados, Freddy Villarreal , Fátima Flores, Luciana Salazar.