Uno de las mayores peligros que enfrenta todo director debutante, es el de pecar por exceso de ambición. Algo así le sucede en su ópera prima al cordobés Eugenio Zanetti. El hombre tiene la chapa de haber ganado un Oscar por la dirección artística de Restauración, y estuvo nominado en el mismo rubro por Más allá de los sueños. Su buena performance entonces en el campo del diseño de producción, estaba ya garantizada de antemano. Su gran problema en cambio, es que es un pésimo guionista.
Desde el comienzo, Amapola se presenta como un cuento de hadas con todas sus convenciones. Narración en off, atmósfera onírica, saltos temporales e imágenes de desbordante barroquismo. La protagonista es una chica, obviamente llamada Amapola, que vive junto a su familia de artistas, en un lujoso hotel del que son propietarios en el Tigre. El entorno natural del Delta sirve como escenario para esta historia de traiciones y engaños, que en un futuro pondrá al mencionado negocio familiar al borde del remate.
El film de Zanetti intenta varios registros a la vez, sin hacer pie en ninguno de ellos. Por un lado, la deshilachada historia de amor entre Amapola (interpretada por la norteamericana Camilla Belle, que sufre horrores en todas las escenas en castellano), y el chongo extranjero Luke, encarnado por el canadiense François Arnaud; no logra potencia ni verosimilitud. Más allá de la innegable belleza de ambos, es imposible remar un romance absolutamente traído de los pelos. En otro nivel, la película se plantea como un musical, con canto lírico y coreografías de mambos salpicando inútilmente aquí y allá. Y por último, el relato también falla en su caprichoso desvío hacia el viaje fantástico en el tiempo.
A todo este despropósito hay que sumarle el insólito contexto en el que se desarrollan los hechos. En un cuento tan extrapolado como éste, resulta difícil anclar algunas instancias alrededor de momentos históricos como la muerte de Eva Perón, el golpe de Onganía y la guerra de Malvinas. Estos acontecimientos se presentan de manera chapucera, y no tienen justificación ni relación con los ya de por sí caóticos elementos del relato que se presenta en pantalla. Las alusiones y el paralelismo con el clásico de Shakespeare Sueño de una noche de verano, también aportan su cuota de vergüencita ajena.
Ni siquiera el aspecto visual de este bodrio barroco, salva al film de su definitivo hundimiento. La dirección de fotografía del suizo Ueli Steiger es preciosista hasta el hartazgo, y refuerza el berretín de Zanetti por adornar todo, tal vez para ocultar que no se está diciendo nada. La omnipresente música de Emilio Kauderer intensifica, con su arsenal de violines, escenas que no tienen ningún tipo de espesor dramático. Y por último, las actuaciones son un festival de desniveles; con una Geraldine Chaplin siempre eficaz, y otros intérpretes en un registro muy desbordado, como el de Nicolás Scarpino y Lito Cruz. También hay que decir que el bochornoso trabajo de sincro en el doblaje de todas las voces, termina por conspirar contra un elenco, que mueve su boca desorientado, mientras las líneas de diálogo van por otro lado.
Felicitamos a Eugenio Zanetti por conseguir inversores para financiar su pegote millonario. Nosotros mientras tanto, no estamos como para despilfarrar el valor de una entrada de cine, en un bodrio tan impresentable como éste.
Amapola/ Argentina - Estados Unidos / 2014 / 85’ / APM16 / Dir.: Eugenio Zanetti / Int.: Camilla Belle, François Arnaud, Geraldine Chaplin, Nicolás Scarpino, Luciano Cáceres, Elena Roger, Leonor Benedetto , Lito Cruz .