Jimena Barón tiene sólo 27 años, un hijo de dos meses y medio y un novio futbolista que la lleva por el mundo. En ese contexto, se animó a hablar con diario La Nación "a calzón quitado".
Allí, habló de su frenética vida:
-¿Todo lo que te pasó fue buscado?
-Nos pasó así, de sopetón. Fue todo buscado. Estando afuera realmente se vive con otro ritmo. Yo me doy cuenta que acá empezás a ver unas velocidades a las que yo allá no estaba acostumbrada. Afuera sí pasó todo un poco más lento.
-Trabajás desde los 9 años, ¿cómo es ahora estar sin hacer nada?
-Me cuesta un montón y fue todo un tema con Dani al principio. Yo tenía un ritmo de trabajar mil horas, más los últimos años que hice "Bailando por un sueño", teatro, qué sé yo… Era una época en la que no iba a ningún cumpleaños, no veía a ninguna amiga, estaba perdida. Y pasé de eso a llegar a Roma y no tener nada para hacer. Dani al día siguiente que yo llegué tenía su vida normal. Y yo...
-¿Qué hiciste ese primer día?
-Estuvo bueno el desafío de "no tenés nada que hacer, a ver, hacé nada". Uno no sabe hacer nada. Dani me decía "laburaste toda tu vida, aprovechá, andá al super, cociná...". Todo estaba buenísimo, pero es difícil disfrutar y decir "no tengo un pedo que hacer".
-Ni siquiera tenías a tus amigas como para decir "nos tomamos un cafecito".
-Nada, cero. Y con el trabajo de Dani, la gente que tenía más cerca, no tenía mucho que ver conmigo. Cuando nos mudamos a Inglaterra, me llamaron las mujeres de los otros jugadores, me dijeron: "Te pasamos a buscar así nos conocés". Dije: "Bueno, no voy a ser tan cerrada siempre". Entonces accedí. Yo estaba esperando y veo un BMW todo blanco con una mina que se baja con unos jeans ajustados, tacos -eran las 11 de la mañana-, todo el pelo peinado, maquillaje, una producción total. Yo estaba embarazada, tenía un remerón con unas chatitas de Zara, y fue un segundo en que las dos nos miramos pensando "decime que no sos vos". Era, claro. Me subí, me llevaron al shopping. "Nosotras lo que hacemos es estar todo el tiempo juntas, hacer cosas para no estar en casa", me dijeron. Y yo soy todo lo contrario, intento estar sola dentro de mi casa.
-No sos la típica Wanda Nara.
-No, al contrario, hay cosas de las botineras que me dan vergüenza. Por suerte, Dani también es así y entonces los dos nos cagamos un poco de risa de la situación.
-Hay un patrón de la mujer del futbolista que pasa a tener mucho dinero y sale a ostentarlo.
-Sí, qué sé yo, es feo. Al principio yo las defendía, decía "no puede ser que metan a todas en la misma bolsa" y la verdad es que un ochenta por ciento es así. Dani es igual que yo por suerte, entonces hacemos nuestra vida.
-¿Qué es lo más difícil de vivir afuera?
-Uno extraña lo cotidiano. Allá no es que te embolás y viene tu amiga a tomar mate. Con el laburo de Dani podemos viajar, no es que estamos ahí remándola, es otra situación. Y si uno aprende a disfrutarlo, está buenísimo. Yo lo logré. Iba en bicicleta al supermercado… Y me divertía verlo a Dani como el famoso, disfrutaba de de meterme en esas manadas que lo volvían loco mientras yo salía impune de la situación.
-¿Tuviste momentos de crisis, de decir "qué hago acá"?
-Cuando volví a la Argentina por primera vez. Me pasó que quería volver a Italia. Me pegó al revés. Me costó mucho estar de visita en la Argentina. Sentí que estaba en mi lugar pero de visita y eso me pegó rarísimo. De hecho, estuve llorando todo el tiempo, Daniel me decía "bueno, pero hay que pasarla bien, vinimos a comer asado", y yo estaba llorando como una boluda.
-¿Te conectas mucho con las noticias de Argentina?
-Mucho no. Miraba Guapas por la web, eso sí, a morir. Igual estoy mucho con Dani. El se va a la mañana y vuelve al mediodía. Y fin de semana por medio tiene que concentrar. Es mentira que no está nunca, al contrario.
-¿Qué relación tienen con Carlos Tévez, que juega en el mismo club?
-Los Tévez fueron nuestra base. Ellos son divinos. Nos vemos un montón.
-¿Hablan de fútbol?
-Yo de fútbol no entiendo nada. Es más: entiendo cada vez menos.
-Pero vas siempre a la cancha.
-Siempre. No me perdí ni un partido. Iba con Vane, la mujer de Tévez. Nos la pasábamos charlando, nunca miramos medio minuto.
-¿Gritaste un gol, al menos?
-Sí. A veces me tenían que decir: "Tu marido hizo un gol". Y yo: "¡Bien!" Me cuesta mucho prestar atención a un partido, me parece eterno, no me gusta nada, lo detesto.