El listado de películas que cuentan historias sobre enfermos terminales es por demás extenso en el cine norteamericano. La primera pregunta que puede surgir entonces alrededor de Bajo la misma estrella es: ¿estamos ante un exponente más de este subgénero catártico y aleccionador?. Para sorpresa de muchos, incluso mía, estamos ante un sí y un no como respuesta.
El director Josh Boone adapta aquí la muy exitosa novela de John Green, y da rienda suelta a una mezcla de comicidad y tragedia, a través de esta desbordante historia de amor entre dos adolescentes enfermos de cáncer. Shaileene Woodley, a quien ya vimos brillar en Los descendientes y Divergente, aporta la cuota necesaria de carisma y convicción para interpretar con nobleza a Hazel, la chica que siempre lleva consigo un pequeño tanque de oxígeno como aliado vital. En tanto que Ansel Elgort, que venía perfilando su ascenso a través de Carrie y también Divergente, logra inyectarle gracia y ligereza a Gus, un pibe simpático que no se ha dejado hundir por haber perdido una pierna.
La dupla se conoce en un grupo de apoyo para pacientes oncológicos, y claro, surge una inevitable historia de amor. Contado en estos términos, el asunto puede sonar cursi y lacrimógeno. Pero tanto la novela, como el hábil guión escrito por los autores de 500 días con ella, logran encontrar en el humor el talismán para sacar a flote a estos desventurados personajes. La película tiene todos los tics cool de las comedias dramáticas indies, con diálogos irónicos que remiten a exponentes como 50/50. Esos comentarios filosos y certeros, permiten descomprimir el peso dramático que llevan los personajes sobre sus hombros. Mientras tanto, de fondo suenan canciones de íconos que generan la devoción de todo teen sensible, como Jake Bugg, Lykke Li y Ed Sheeran.
Es cierto que en Bajo la misma estrella todo está concebido demasiado a cálculo. El film no es tramposo en este sentido. En ningún momento pretende ocultar su voluntad de producto sin fisuras, con sus momentos felices y agrios hábilmente dosificados. Que tiene golpes bajos, claro que los tiene. Ahí está por ejemplo toda la secuencia en la casa de Ana Frank, con su creciente grado de desborde. O bien la última media hora, que no cede en su afán por conquistar el lagrimón de todo espectador. Así y todo, hay algo que celebrar en este melodrama adolescente, y es su ausencia de sadismo. Más allá de que varias situaciones resulten demasiado edulcoradas, es preferible eso al regodeo en la miseria y la degradación física, al que es tan adepto el cine de Hollywood que navega sobre historias de enfermos terminales.
Hay algo muy verdadero en eso de que todo espectáculo o hecho artístico, termina de definirse en su contacto con el público. En este caso, me resultó fascinante escuchar a decenas de chicas adolescentes riéndose, llorando a moco tendido, suspirando con el galancito protagónico, y exclamando todo tipo de cosas en una visceral interacción con la pantalla. Es cierto que en una sala de cine, lo que uno menos quiere es escuchar los comentarios de otros espectadores. Pero aquí ese rebote resultó estimulante. Unos cuantos se ocuparon de chistar a las temperamentales teens, buscando en vano su silencio. Ya a la salida en el hall, no quedó ningún rastro de aquel llanto desaforado de las chicas. Alguna elogió a otra por su corte de pelo al estilo Hazel. A los minutos, ya fuera del centro comercial, encontré la respuesta al sí y al no que esbocé en la pregunta inicial. Bajo la misma estrella podrá ser catártica y aleccionadora, pero jamás solemne. Aún con su premeditada receta y sus excesos melodramáticos, la película nos hace alguna cosquillita en la piel, y nos devuelve una pizca de fervor adolescente.
The Fault in Our Stars / Estados Unidos / 2014 / 125 minutos / Dir.: Josh Boone / Int.: Shailene Woodley, Ansel Elgort, Laura Dern, Nat Wolff, Willem Dafoe.