"Wanda Morbo Show", el culebrón amoral que es furor

Entre el rechazo y el disfrute, seguimos expectantes los capítulos de este bizarro "grandes éxitos de la escoria". Hasta el más superado sucumbió al hechizo de los tilingos.

La agitada novela triangular Maxi-Wanda-Mauro no para de generar capítulos turbulentos. Hoy la pareja conformada por Wanda Nara y Mauro Icardi, se casó por civil frente a una desmesurada cobertura mediática, y cientos de curiosos que, alegando ser "amigos de facebook" de la botinera, se acercaron al registro en el que se oficializó la unión de los novios. Una escena que pareció salida de alguna kermese barrial sumamente bizarra, con decenas de señoras llevando todo tipo de chucherías para cortejar a los tortolitos.

 

La ceremonia llegó en pleno momento de tensión dramática, ya que entre el domingo y el lunes se revelaron unos audios en los que López agrede y amenaza verbalmente a Nara e Icardi. Más allá del estupor periodístico, todos los medios reprodujeron con lujo de detalles esa grabación salpicada de aprietes y puteadas. Uno a uno, conductores y panelistas hicieron su descargo políticamente correcto, señalando que esa conversación debió quedar en el seno de lo privado, y mostrándose horrorizados por el martirio al que han sido sometidos los pequeños hijos de la ex pareja.


La contradicción de repudiar esos audios pero a la vez difundirlos, es sólo una de las caras de la  hipocresía con que algunos abordan esta caprichosa historia de separación y revancha. No vengan con que sienten piedad por esos niños, porque sinceramente no la tienen. En cierto punto, todos los que de alguna u otra manera estamos siguiendo esta trifulca, queremos que avance hasta la más furiosa auto destrucción.

 


Nunca se siguió con tanta intensidad las instancias de divorcio y nuevo matrimonio de personajes tan irrelevantes como Maxi, Wanda y Mauro. Sin embargo, todos hemos caído rendidos frente a esta historia de matices escandalosos. Es una suerte de "grandes éxitos de la escoria humana". Una novela que contiene ingredientes como dinero, autos lujosos, engaños, falta de códigos entre amigos, violencia; y por supuesto, mal gusto.


Hasta una multinacional se sumó a esta riña, consagrando a la flamante dupla Nara-Icardi como protagonistas de una serie de burbujeantes spots televisivos. Si hay algo que define el hecho de que una gaseosa quede rendida frente a una trifulca de cuarta, y que millones de espectadores sigamos los capítulos de este culebrón; es su impronta amoral. Más allá de que todos levantemos nuestro dedo sentencioso, intentando aplicar algún tipo de correctivo ideológico, estamos de alguna manera subyugados ante la amoralidad de este cuento grotesco.


Una telenovela que de paso deja abierto otro posible drama a futuro entre Nara e Icardi. Todo resuelto a puro motor de capricho y ego personal de sus protagonistas. Sin que a ellos les preocupe el daño que puedan hacerse entre sí, ni a su entorno. No hay piedad, ni moral posible en esta historia. El relato es tan aparatoso, bizarro y desmesurado como lo vemos. Después de todo, tampoco es para tomárselo en serio. Lo disfrutamos sin culpas, o lo cambiamos por algo más sustancioso. De momento, seamos sinceros. Por más de que nos hagamos los más superados, dedicamos diariamente unos minutos para seguir, aunque sea de reojo, el culebrón más tilingo de estos últimos tiempos.