El debut de la guionista y directora Natalia Meta peca de ambición. La idea de barajar una intriga criminal, dosificar momentos de humor e intercalar espesos conflictos de identidad sexual; resulta demasiado para una ópera prima que queda a mitad de camino en varios de esos planteos.
El asunto arranca con el crimen de un millonario coleccionista de arte con doble apellido. El inexperto agente Gómez (Chino Darín) es quien hace el fatal hallazgo, y el recio inspector Chávez (Demián Bichir) es quien tendrá la responsabilidad de investigar las causas y el autor del asesinato.
Desde el principio, estamos ante la muy transitada fórmula de policías de temperamento opuesto que deberán unir esfuerzos para resolver un misterio. Resulta un tanto irritante el forzado tono porteño del mexicano Bichir, nominado al Oscar hace un par de años por Una vida mejor. Su composición en modo "guapo arrabalero de voz rasposa" coloca a su personaje al borde de lo inverosímil. En tanto que Chino Darín se luce en su primer protagónico para cine, con una interpretación de variados matices que le auguran un buen futuro en películas de diversos géneros.
Si bien desde el guión la química entre Chávez y Gómez está moldeada a presión, el enorme oficio de los actores hace que en pantalla la dinámica entre ellos se vea creíble. A puro motor de talento, ellos son los encargados de tapar los numerosos baches de un relato, que al parecer dejó unas cuantas escenas en la mesa de edición.
El aparatoso despliegue de figuras televisivas es otro aspecto que por momentos juega en contra de Muerte en Buenos Aires. Si bien la mayoría personajes secundarios son interpretados por íconos de la década en la que se ambienta la historia, los ochenta; el abusivo desfile distrae un poco durante las primeras escenas. Hugo Arana, Emilio Disi, Luisa Kuliok, Gino Renni y hasta Maxi Diorio en la escena del boliche gay; es como demasiado.
A nivel visual los planos de la gran ciudad porteña deslumbran, y la música de Daniel Melero aporta un sofisticado clima vintage. Las canciones synthpop e italo disco se roban la película, incluyendo la versión de Splendido Splendente de la italiana Donatella Rettore.
En cuanto a la elección de una estética y de un código, este policial muestra fuertes contradicciones. Hay texturas que remiten al cine negro, pero también diálogos y chistes que parecen salidos de una comedia costumbrista de Adrián Suar. A este combo se le suma una jugada escena sado y algunas situaciones homoeróticas en las que el film juega cartas más cercanas a Cruising, que a Secreto en la montaña, el oscarizado exponente que la directora ha citado como fuente inspiradora.
Por último, no hay nada sustancioso en el hecho de que el relato transcurra a fines de los ochenta. Salvo la alusión a los cortes de luz, no hay mayor necesidad de llevar la acción a esa década. Siendo los únicos puntos de contacto, la mala escritura de los guiones de los policiales nacionales de aquel entonces, y lo difícil que resultaba salir del clóset.
Muerte en Buenos Aires / Argentina / 2014 / 94 minutos / Apta mayores 16 años / Dir.: Natalia Meta / Int.: Demián Bichir, Chino Darín, Mónica Antonópulos, Carlos Casella, Emilio Disi, Hugor Arana, Humberto Tortonese