Mendoza se suma al renacimiento del vinilo

La nostalgia, la calidez sonora y su transformación en objeto elitista; son algunos de las aristas del regreso del vinilo. En la nota, la repercusión del fenómeno en Mendoza.

Una buena en el mundo de la música es que en estos últimos cinco años, las ventas de vinilo vienen en saludable crecimiento. Si bien representan una porción menor, en comparación a lo que facturan otros soportes como el CD o la descarga digital, su retorno triunfal después de décadas de destierro merece reconocimiento y análisis.

Son tres las razones que han influido en este regreso. La primera de ellas está vinculada a la calidez del sonido. En tiempos de tanto archivo comprimido, y de discos que escuchamos a través de plataformas de streaming como Spotify, hay melómanos que empezaron a sentirse disconformes con una textura un tanto plana, y encontraron en el noble vinilo los matices y la fidelidad que tanto extrañaban. Por otro lado, en una era dominada por la nostalgia, no era de extrañarse que en algún momento se produjera un revival de aquellos discos que antaño reinaron en los hogares. Y por último, un factor elitista que determina que hoy tener una bandeja en casa es sinónimo de aristocracia, tanto musical como económica.

El regreso del entrañable prócer sonoro encubre entonces aspectos tan favorables como desalentadores. Es cierto que a nivel de calidez su registro supera en texturas a todo lo que podamos escuchar a través de nuestro iPod, o navegando por SoundCloud. Pero también es muy cierto que el vinilo es hoy un lujo para pocos. Su precio cuadruplica al del CD y el stock de materiales nuevos en una ciudad como la nuestra es verdaderamente limitado. 

En la sucursal del centro de Yenny podemos encontrar flamantes re ediciones en vinilo de clásicos de The Beatles, Pink Floyd y Fleetwood Mac.

Otro ítem a tener en cuenta en medio de este renacimiento del disco, es el deseo de recuperar la experiencia física con el soporte, que en este caso supone además un meticuloso cuidado. No hay nada más placentero para un amante de la música que ese mágico momento de soltar la púa sobre el vinilo, desparramarse en su sillón a admirar el arte de tapa, y descubrir textos y letras de las canciones en el sobre interior del disco. A su vez, la aventura de sumergirse en montones de ejemplares usados en alguna tienda, se acerca a la búsqueda de un tesoro que, en tiempos de tanto archivo fácil de encontrar en el mundo virtual, supone un plus emocional inigualable.


Con varias cosas que le juegan en contra, (precio, poca variedad de novedades en las bateas, imposibilidad de escuchar en el auto o mientras vas caminando); el vinilo se las ha ingeniado para ganar terreno frente a la marea de opciones digitales. Con un CD que pierde cada vez más fuerza frente a competidores como las descargas ilegales de MP3, y con sistemas de streaming que terminan quitándole clientes a iTunes; el vinilo marca su matiz diferencial frente a tanta chusma virtual. Sus ventas se incrementaron el año pasado en los Estados Unidos en un considerable 35%. Así y todo, su aporte representó sólo el 2% global en comparación a la demanda de CDs y descarga de álbumes. Aún en su pequeña franja, el vinilo es hoy el único soporte que experimenta un sostenido crecimiento, mientras los restantes formatos caen en picada fagocitándose entre sí.

 

 

 

¿Dónde encontrar vinilos en Mendoza?

 

Si hacemos un recorrido por nuestra ciudad encontraremos algunos puntos imprescindibles. Eclipse es una tienda que está en calle Necochea al 40, en el local 29 de la galería Rez Masud. Gabriela, su propietaria desde hace un par de décadas, le ha dado a su emprendimiento una impronta que ha ido modificándose con el paso del tiempo. Hoy, además de vinilos podemos encontrar una notable colección de películas de cine-arte disponibles en DVD. Si bien en sus bateas hay muchos discos rock-pop, Eclipse se especializa en música clásica, jazz y variantes de la world music. 


"Hoy hay adolescentes que llegan preguntando por discos clásicos de The Beatles, Pink Floyd, Sui Generis, Spinetta o Soda Stereo. También hay gente de 40 años que quiere recordar lo que escuchó antes y, si tiene bandeja, vuelve al vinilo", cuenta Gabriela. 


Un dato para destacar es que en este local los vinilos están almacenados en un lugar oscuro, fuera de la humedad, para así procurar su óptima conservación. En las bateas, por supuesto se pueden ver las tapas de los mismos. "El vinilo es romántico, no es lo mismo escuchar música por Internet, que tenerla en tus manos. Hoy el vinilo es más seductor", afirma con toda razón la dueña de este encantador refugio cultural.

 

El interior del local de Eclipse es absolutamente acogedor. Su propietaria es además una gran conocedora del mundo de la música.

 

Otro clásico de nuestra ciudad es Amadeus, una rockería repleta de vinilos, CDs, DVDs, y variados objetos de merchandasing, que van desde remeras y banderas, hasta tasas con los nombres de diferentes solistas y bandas de rock.


Esta tienda también ha atravesado dos décadas de historia. Jorge, su propietario, nos cuenta: "No hay tanta venta de vinilos, pero sí cada vez más gente que pregunta. Cada tanto, hay algún turista que llega y se lleva unos cuantos. Pero resulta poco probable que con los precios que hoy tienen los discos se transforme en un fenómeno masivo".


Jorge da en un tema clave, desde la década del 80 Argentina no tiene una planta de vinilos en funcionamiento. De hecho, hoy en Latinoamérica la única fábrica en actividad se encuentra en Brasil. Se trata de Polysom, que reabrió sus puertas en 2009. En tanto que la planta más grande del mundo está hoy en Holanda, con 33 prensas. Paradójicamente, allí se están manufacturando algunas de las re ediciones de lo más icónico de nuestro rock nacional.

 

Amadeus ofrece un frondoso muestrario de vinilos, CDs y objetos de merchandasing.


Por último, finalizando nuestro recorrido de tiendas, para quienes quieran y puedan comprar discos nuevos, la cadena Yenny está sumando vinilos a su stock. En las sucursales del centro o de Palmares, es posible ver en sus vidrieras ejemplares de Pink Floyd, The Beatles, Yes, Fleetwood Mac, Aretha Franklin o Madonna, entre otros. 

 

 

El precio del tesoro


En cuanto a los usados, los precios de los vinilos fluctúan dependiendo del estado de los mismos y del grado de veneración que generan determinados referentes musicales. Así, podemos encontrar discos que oscilan entre los 25 y los 300 pesos.


En tanto que los discos nuevos ostentan montos que los vuelven difícilmente alcanzables. El rango va entre los 500 y los 1500 pesos. Los más caros suelen ser los que se presentan en forma de box lujoso, incluyendo algún DVD, libro especial, o disco adicional.


Los reproductores son otro tema. Sus valores varían acorde a se trate de un simple tocadiscos, o de una bandeja profesional. Es posible dar con estos aparatos, tanto en negocios de compra-venta de muebles y artefactos usados, como en sitios de Internet. Los precios oscilan entre los 1000 y los 3000 pesos. En el caso de equipos nuevos, los valores van entre los 100 y los 400 dólares, pero hay que sumar el operativo y gastos de envío desde el exterior.

 

Los vinilos usados, que en algún momento perdieron todo tipo de valor económico, hoy cotizan nuevamente a precios a veces astronómicos.

 

 

El disco como objeto sagrado


No habría mejor manera de finalizar esta nota que invitando a los lectores a que vayan a su tocadiscos, dejen caer la púa en algún preciado disco y se dispongan a escucharlo completo desde su sillón.


En tiempos de voracidad y de acumulación de MP3, tenemos cada vez mayor cantidad de material, pero menor nivel de disfrute. Pareciera que invertimos más tiempo en descargar, y luego zapear canciones durante apenas unos segundos; que las horas que disponemos para involucrarnos en un disco completo. 


Los formatos corren, se atropellan y se devoran entre sí. Mientras, la clásica nobleza del vinilo sigue allí proponiendo un encuentro sólido, cuyo encanto tal vez resida en la serie de dificultades que supone su complicado acceso. Esto, en un momento en que cada vez más se busca un placer efímero que sólo requiera el esfuerzo de un clic, implica cierto ejercicio de resistencia, y un nuevo despertar de un sentido del romanticismo que tal vez creíamos perdido.

 

La belleza del vinilo posibilita que cuando se estropea puedas transformarlo en un llamativo objeto decorativo.