En pleno nuevo auge del cine bíblico, llegó a salas de cine de nuestro país el tanque Noé y previsiblemente arrasó con la taquilla. Esta visión del legendario relato navega sin rumbo y pronto naufraga en las aguas del cocoliche más ostentoso, solemne y de mal gusto.
Lo primero que hay que decir es que, a esta altura del partido, sería necesario que estas mastodónticas producciones religiosas aporten una nueva mirada. Al conocer medianamente los hechos, no hay cuota de intriga posible si no se arriesga algún enfoque o postulado diferencial. Al no haber una apuesta renovada, lo que queda es un aparatoso despliegue de medios para desarrollar el asunto en cuestión. Y allí va la película; hacia un arsenal de efectos especiales horrendos, situaciones subrayadas y actuaciones ampulosas. Lo que pudo ser un film potente y desmesurado, se reduce a una pila de escenas que deambulan entre la crueldad calculada y un soso tono new age.
Russell Crowe siempre ampuloso y Jennifer Connelly eternamente eficaz.
Más allá del carácter espectacular y alucinógeno de la historia en que se basa, nada produce asombro en esta malograda película. A su vez, tampoco logra dar con la experiencia física que supone todo relato ancestral. Las escenas se agolpan por temor a perder una pizca de ritmo vertiginoso, y en las pocas instancias en que la historia se detiene, no hay ni por asomo alguna cálida situación intimista.
Todo es exageración, distancia y desatino. Un Russell Crowe a puro motor de solemnidad, unos monstruos de piedra que están a mitad de camino entre Transformers y Star Wars, unos cuantos animalejos digitales cercanos a la caricatura, una música machacona que se encarga de remarcar las ya de por sí elocuentes escenas, y un vestuario que hace lucir a los personajes como si estuvieran presentando la colección de temporada de Zara.
El realizador Darren Aronofsky, que supo forjar una reputación de creador modernoso con películas como Pi y Réquiem para un sueño, y que luego se manejó tanto en la ortodoxa El luchador como en la desmesurada El cisne negro; pierde con Noé todo tipo de norte. Con un presupuesto cercano a los 130 millones de dólares, Aronofsky no logra imprimir la cuota de tensión dramática que logró conquistar en sus films de producción más modesta. En medio de tanto desconcierto recargado, hay un sólo elemento redentor: la indestructible presencia de Jennifer Connelly. El resto es sin dudas, un olvidable diluvio.
Noé / EEUU / 2013 / Apta mayores de 13 años / Dir.: Darren Aronofsky / Int.: Jennifer Connelly, Russell Crowe, Emma Watson, Anthony Hopkins