El cantautor uruguayo Jorge Drexler regresa con Bailar en la cueva, un disco que combina una paleta de ritmos latinos y premisas del pop bailable. El 17 de mayo tendremos la oportunidad de ver la presentación en vivo de este material en el Teatro Plaza. Mientras, trazamos aquí algunas líneas para decodificar la nueva jugada de este orfebre de encantadoras melodías.
Hay que decir que el concepto que plantea Drexler en su reciente trabajo no es nuevo. Lo han explorado referentes como nuestro León Gieco y más recientemente el chileno Gepe. Y si vamos al norte del continente, el americano Paul Simon creó en los '80 una joya de la world music con Graceland, disco que combinaba texturas afro con pop irresistible. El uruguayo ha citado este icónico registro de Simon como una de las fuentes inspiradoras, sumando como eje vertebral a la música colombiana.
La primera frase, que encontramos en el track inicial que da título a la placa, resume la atmósfera general que propone: "La idea es eternamente nueva, cae la noche y nos seguimos juntando a bailar en la cueva". La noción de mixtura entre lo ancestral y lo contemporáneo atraviesa el disco por completo. El resultado general es pegadizo, algo así como un álbum con canciones "aptas para todo público". La música rioplatense, la colombiana y la boliviana, se entrelazan con algunos trucos formales del dance sin por eso dar en un híbrido impersonal.
Grabado entre Bogotá y Madrid, Drexler sumó para esta experiencia a un notable seleccionado de invitados. El brasileño Caetano Veloso aparece en la canción Bolivia, en la que el uruguayo tributa al país que recibió a su familia cuando huyó del infierno de la Segunda Guerra Mundial. El boricua Eduardo Cabra, de Calle 13, aporta bellísimos arreglos a la balada Todo cae. La franco chilena Ana Tijoux rapea en el single Universos paralelos, que tiene una melodía y sección de vientos 100 por ciento Drexleanas. Mientras que la colombiana Li Saumet, de Bomba Estéreo, suma el irresistible groove de su voz en el track Bailar en la cueva.
Las letras son más concretas que las de discos anteriores de Drexler, lo cual juega tanto a favor como en contra del resultado general de algunas canciones. El cantautor se anima a jugar más con la ironía y da en el blanco en Data data: "Y nadie existe si no es noticia. La codicia del glamour y el glamour de la codicia". Aquí más allá del vértigo mediático, el uruguayo parece jugar con la idea de la omnipresencia que se busca a través de las redes sociales. En la más sintética La plegaria del paparazzo juega con las frases: "Dios proveedor de las fotos robadas. Santo patrono de los paparazzi. Haz que ella salga por la puerta adecuada. Y que mire hacia aquí antes de entrar al taxi".
Es cierto que tratándose de un disco con una apuesta tan elocuente a la energía ancestral del baile, queda la impresión final de que Drexler quedó un tanto a mitad de camino. Da la sensación de que le faltó desatarse un poco más, hacer que las canciones inviten más a una danza libre y corpórea; que a un movimiento amable y mesurado. De todas formas, Bailar en la cueva es un disco luminoso; de esos que dan ganas de escuchar de principio a fin. Y eso, en tiempos de tanto zapping de canciones en Spotify, es un cariño y a la vez un logro.