El retorno de Tinelli, el zar sin ideas y su nave errante

Con una acumulación de cuadros sin criterio, pereza creativa y un lavado discurso de apertura; regresó el popular ShowMatch. El programa gastó las mismas bromas de principio a fin, transformando la fiesta en bodrio soporífero.

Hay que decirlo sin titubeos, el primer programa de ShowMatch de cada temporada es un soberano bodrio. Año a año se repite en el debut el mismo pastiche errante; con una sucesión de cuadros sin criterio y un notorio ejercicio de falta de inspiración, que se limita a la sistemática parodia de películas exitosas.

Sea uno fan de Tinelli o no, sería más estimulante encontrar una suerte de síntesis de contenidos en la entrega de apertura del ciclo. Lo que vemos aquí, termina siendo muy diferente a lo que propone este show televisivo durante el año. Algo así como un rimbombante acto escolar diseñado por alguna directora con muy mal gusto. Y a su vez, algo muy lejano a la verdadera identidad de ShowMatch.

Vamos por partes. El programa abrió con doblajes paródicos, que incluyeron segmentos de la designación del papa Francisco y de la última entrega de los premios Oscar. El recurso es infantil pero, no vamos a negarlo, siempre funciona. Aquí se ensayaron una serie de gags relacionados con el último año en la vida de Marcelo Tinelli. Que la paternidad, que su pasión por el equipo San Lorenzo, que el año sabático; y un par de tópicos más. El segmento fue eficaz, pero luego quedó empañado al reiterarse los mismos temas, los mismos chistes y las mismas ironías durante todo el resto del programa.

El bloque musical fue tal vez el más desafortunado. No siempre acumulación es sinónimo de asombro y sentido de espectáculo. Aquí se dio rienda suelta a una mixtura imposible, Desde el coro del Teatro Colón interpretando Carmina Burana, hasta Karina "la princesita" haciendo un cover de Hey Jude. Más allá del notable despliegue, que incluyó a más de 500 personas en escena, la nula cohesión entre cada una de las partes remitió al Acto Central de la Vendimia menos criterioso que cada uno de ustedes pueda recordar. A esto, hubo que sumar los permanentes comentarios en off de Marcela Feudale y el resto del staff, que "emocionados" agregaron todo tipo de exclamaciones sobre las imágenes en pantalla. Se sabe que una de las marcas registradas de Tinelli es combinar grandilocuencia con clima de chacota de reunión de amigos, pues bien, aquí no funcionó.

Media hora después de toda esta caravana, apareció finalmente el zar Tinelli. Y aquí se dio sin dudas el momento más soporífero. El conductor es un gran conocedor del timing televisivo, no vamos a discutir aquí su oficio. Pero una cosa es su astucia a la hora de interactuar con concursantes y jurados del Bailando, y otra muy diferente es orquestar un buen discurso de apertura. Su speech lució lavado, poco ocurrente y hasta por momentos trastabillante. Más allá de alguna ironía hacia La Cámpora, Fútbol para Todos, o sus tensiones del año pasado con las autoridades de El Trece; el segmento no tuvo brillo y acusó a gritos la falta de un inspirado guionista. Podrá Marcelo tener más de veinte años de televisión en su haber, pero aquí quedó más que claro que aún no tiene cintura como monologuista. Por eso, estratégicamente, se refugió en la interacción con Adrián Suar y con algunos ignotos personajes de la tribuna.


Por último, la parodia de la película ¿Qué pasó ayer? vino a repetir las mismas bromas gastadas en los segmentos anteriores. Sobre el cierre, el imitador Martín Bossi ofreció una esforzada y fallida performance con diez personajes en diez minutos. Rod Stewart, Frank Sinatra, Elton John, Axl Rose, Michael Jackson y Freddie Mercury; entre otros, interpretados con pocas variaciones vocales, lo cual dejó al descubierto las limitaciones de Bossi, y lo difícil que es emular los registros de cantantes tan personales.


Guste o no, el verdadero ShowMatch arranca hoy en la pista del Bailando. Lo de anoche fue un cúmulo de alabanzas a un zar megalómano que, contradiciendo el nombre de su propia productora, no es capaz de exprimir una sola idea. Como siempre, habrá que ver si el público acompaña, o si esta vez decide saltar de la nave antes del naufragio.