Se estrenó El Crítico de Hernán Guerschuny

La ópera prima cuenta con la actuación de Rafael Spregelburd y Dolores Fonzi. Aquí una entrevista al director de una obra prometedora.

El cine nacional estrenó ayer "El crítico", opera prima de Hernán Guerschuny, con Rafael Spregelburd y Dolores Fonzi.

Se trata de la historia de Víctor, un crítico amante del cine-arte para el que “el cine es más grande que la vida”, pero para quien todo cambia cuando conoce a una mujer con gustos que están en las antípodas de los suyos.

El cineasta, que eligió para su debut una comedia romántica, tiene mucho que ver con el mundo que expone con muy buen humor pero también sentimiento, porque hace dos décadas, y con su socio Pablo Udenio, lleva adelante la exitosa revista Haciendo Cine, la más antigua del tema que puede encontrarse en los quioscos argentinos, como informó Télam.

-¿Cómo surge la idea de una ficción acerca de un crítico de cine?
-Más que de los críticos de cine me interesaba pensar en ciertas contradicciones de la intelectualidad. Por supuesto, el crítico como personaje, además, me parecía muy rico para una película.

-Conociste unos cuantos...
-Son tipos que viven rodeados de películas. Pero además es un personaje que tiene conflicto: el crítico es un tipo que de joven amó este arte de manera primaria, puramente emocional, y su profesión lo obligó a tener que analizar, diseccionar, comparar y catalogar fríamente las películas. Y eso mismo, a muchos, les pasa con sus relaciones personales.

-¿Cuánto influyeron los auténticos críticos en el personaje?
-Mucho. Habito este medio hace dos décadas, desde que fundamos con Pablo Udenio la revista Haciendo Cine. Los conozco de adentro, fueron profesores míos, compartimos festivales y medialunas. No es que los fui a espiar para tratar de imaginar cómo son. Pero no solo los críticos me inspiraron.

-¿Quiénes más?
-También muchos amigos y familiares intelectuales, muchos de ellos gente que parece vivir en otra década. Sus muebles son pilas de libros, no están muy interesados en cambiar el saco que usan y cuando están en un reunión social están inmersos en sus propios pensamientos.

-¿Qué elementos tomaste del mundo de los críticos que conocés?
-Las privadas de prensa, el bar, el centro porteño, su departamento. Pero además, su manera de relacionarse con el mundo. Tienen una escala de valores estéticos válidos que prolongan a la hora de juzgar a los demás. Conocí un crítico que dejó de saludar a otro porque le puso buena a una película que él detestaba.

-¿Qué tanto de Nouvelle Vague hay en la idea de tu filme?
-La Nouvelle Vague fue muchas cosas, porque no es lo mismo Godard, que Truffaut o Varda. Sin embargo, con el tiempo se fue convirtiendo en ícono. El blanco y negro, el montaje inconexo, París y los sombreros se volvieron símbolo de un cine frío e intelectual contrapuesto al emocional... Es falso, porque la gran mayoría del cine de ese movimiento es muy romántico. Mi película visita la mirada distorsionada que nuestro personaje, comido por su propio personaje, tiene de la Nouvelle Vague.

-¿Fue difícil elegir el actor principal?
-Faltaba muy poco para filmar y no tenía a mi actor protagonista. Me costaba pensar en actores locales. Durante un tiempo estuvo en mi cabeza Enrique Piñeyro, que lo considero un tipo extraordinario en muchos sentidos, y le agradezco que me haya acompañado en esa dura etapa previa en la que nadie cree en vos. Conforme pasaba el tiempo me pareció que necesitaba alguien que pudiera combinarse mejor con Dolores Fonzi.

-¿Y como aparece Spregelburd?
-Udenio, el productor de la película, y Roberta Pesci, mi mujer y vestuarista, me insistieron en que vaya a ver “Apátrida”. Es demoledora, pero además encontré al actor ideal para decir los textos como yo quería que fueran dichos. Necesitaba a alguien que no "haga" de inteligente o intelectual, sino que lo sea.

-¿Cómo fue el rodaje, teniendo en cuenta que es tu ópera prima?
-Una fiesta. Teníamos claro con Pablo que además de hacer la película queríamos pasarla bien. El folclore del debutante que sufre, hipoteca su casa, se separa y se droga no nos parece pintoresco. Sentía que era mi cumpleaños todos los días: es inédito que 40 tipos estén confabulados para cumplir tus caprichos. En la vida real no consigo que me haga caso ni el control remoto de la televisión.

-¿Cómo te definirías?
-Trato de no definirme. Creo que la película intenta poner en tela de juicio las definiciones, los moldes, las etiquetas. Este medio, como muchos otros, está lleno de mitos, como que los cineastas y los críticos son razas de planetas distintos. Creo que en todo crítico hay un cineasta y en todo cineasta hay un crítico. Al menos en los festivales nos alimentamos del mismo cóctel.

-¿Cómo creés que reaccionarán amigos y colegas?
-Mis amigos o colegas críticos reaccionarán en función de lo que les parezca la película más allá de que se llame “El Crítico”, porque al verla rápidamente te das cuenta de que no está hecha en su contra sino desde un amor muy grande por el cine y de muchos kilómetros recorridos en este medio.

-¿Cómo ves el cine nacional actual?
-Lo veo polarizado. Creo que cada vez hay mejores películas, pero a la hora de su estreno solo unas pocas logran una promoción digna. Entonces incluso las que sí fueron pensadas para el gran público (por ejemplo "El día trajo la oscuridad", de Martín Desalvo) deben hacerlo en forma marginal por culpa de un sistema dominado casi por completo por el cine estadounidense. Tuve la suerte de que Disney confiara en mi película y de que la gente se entere de su existencia.

-¿Tenés nuevos proyectos?
-Sí, dos. El primero se llama “Recreo”, que ya escribimos con Jazmín Stuart, y filmaremos cuando ella termine el que está rodando ahora, “La búsqueda del tesoro”. El segundo es más ambicioso, una mezcla de viajes por el tiempo y filosofía que se llamará “El eterno retorno”, según informó Télam.