En estos últimos meses, programas de interés general de televisión como El diario de Mariana e Intratables, han experimentado un llamativo fenómeno abandonado su habitual tono farandulesco para inclinarse al debate de temas políticos y de sociedad.
Resulta estimulante que en horarios como el de la siesta (en el caso del programa conducido por Fabiani); o en pleno prime time nocturno (en el que se encuentra el envío que conduce del Moro); se logre instalar un eje de debate sobre temas que preocupan a muchos argentinos desde un lenguaje que esté al alcance de cualquier televidente.
Es llamativo a su vez que estos magazines cada vez reduzcan más en tiempo sus segmentos dedicados a escándalos de la farándula; lo que deja entrever que más allá del entramado politico de los canales que emiten estos programas, hay un verdadero interés de la gente por participar de estos acalorados debates entre los panelistas sobre temas tan urgentes como educación, seguridad o inflación. En televisión se sabe que todo lo que no rinde en términos de rating tiende a ser rápidamente reemplazado. Por lo tanto es una bienvenida doble rareza que tanto canales de televisión como espectadores estén dando la chance de una televisión más reflexiva que pirotécnica.
Los conductores juegan un rol importante en estos programas muchas veces subestimados desde el ámbito periodístico. En el caso de Mariana Fabiani, la esponeidad y su habilidad a la hora de lanzar duras ironías enmascaradas en su enorme sonrisa angelical; aportan un plus inesperado a la hora de entrevistar a referentes de la escena política. Está más que claro que la mayoría de las preguntas fuertes ella las recibe vía "cucaracha" a su oído; pero aún así la simpática Mariana logra establecer un clima de empatía con un espectador que busca en este tipo de programas encontrar respuestas más cercanas que las ofrecidas por programas periodísticos que si bien podrían resultar más rigurosos, ostentan un tecnicismo de lenguaje que los vuelve soporíferos (un buen ejemplo de ello han sido unos cuantos bloques de PPT, que en medio de gráficos comparativos y extensos documentos terminan por hundir al televidente en un profundo tedio).
Más allá de la eficacia de Fabiani. obviamente el programa no sería posible sin la aceitada interacción de sus panelistas. Un abanico variado de periodistas en el que sobresale por su estridencia y falta de filtro la periodista Mercedes Ninci. Más allá de sus múltiples y desafortunados deslices, Ninci logra un fuerte feedback con el público, y aporta datos estadísticos de fácil decodificación.
El caso de Intratables es un poco más caótico. Tal vez desbordado por tanto trabajo, Santiago del Moro, que pasa buena parte del día en un set de televisión; salta de un programa de chimentos de la tarde como Infama al nocturno Intratables, con una notoria dificultad a la hora de mantener a sus histriónicos panelistas en orden.
El blondo conductor luce por momentos desconcertado frente al abrumador entrecruce de opiniones, y por momentos, en medio de tanta promoción de productos que él mismo hace dentro del programa; termina atentando contra el clima de las discusiones que ahí se desarrollan a puro motor de debate desaforado.
En este caso el panel cuenta con la experimentada Silvia Fernández Barrio y el periodista ultra K Diego Brancatelli. Este último sirve de vehículo de polarización en las discusiones con sus compañeros, cayendo noche a noche en el mote de "periodista-operador político" por su desmesurada defensa a toda disposición del gobierno.
Con sus aciertos y fallas, algunos programas de la grilla han modificado sus contenidos en pos de una pantalla chica más interactiva con lo que vivimos día a día. ¿Estaremos frente a un cambio de paradigma televisivo?. ¿Durará mucho este fenómeno?. Pronto, cuando Tinelli regrese a la pantalla chica, sabremos si estos programas persistirán en su ajetreado análisis de la realidad... o si sucumbirán frente a las bizarras arenas del Bailando.