Solari, ¿y si a la misa le sumamos respeto?

De 100.000 personas que asistieron al show del Indio Solari, sólo la mitad pagó su entrada y el sonido fue escaso. Las paradojas de un mesías adicto a las multitudes, y de unos fieles que empiezan a rebelarse contra su profeta.

 Más de 100.000 fans asistieron anoche al show del Indio Solari en Mendoza. Según detalla mi colega Gonzalo Arroyo en su cobertura del recital, por primera vez se escucharon "sibidos, abucheos e insultos al ex líder de los Redondos". Era lógico el descontento de miles de personas cuando se había montado un sonido para 50.000 espectadores y finalmente ingresaron más de 100.000, la mitad de esos fieles sin haber comprado su entrada. En términos técnicos, la puesta quedó entonces a mitad de camino, solo parte de los asistentes pudieron escuchar dignamente el concierto. 

Los responsables de este despropósito son los productores del espectáculo, que tal vez a modo de despecho por no haber vendido la cantidad de tickets esperada, no colocaron las suficientes columnas de soporte. Sabiendo ellos que es sistemático que miles de devotos del Indio entren sin pagar, deberían haber equipado el predio del autódromo Ángel Pena como para que el sonido no quedara pequeño. Pero claro, como no facturaron lo suficiente, el castigo fue para todos por igual; para los que desembolsaron dinero y para los que no lo hicieron.

La manifestación del enojo marca un antecedente y una posible mutación en la "identidad ricotera". Es sabido que toda presentación en vivo de Solari se debate entre el ritual poguero, y un concepto de show entendido en términos del más voraz taquillazo. En medio de tanto fervor, algunas almas ya han comenzado ha suplicar por un poco de piedad técnica.

Ya sea por ostracismo de Solari, o bien por estrategia comercial, o tal vez por decisión artística; los recitales del ícono rockero han sido concebidos en estos últimos años como eventos hiper masivos de espaciada frecuencia. De esta manera, multitudes se desplazan una o dos veces al año, de una punta a la otra del país para ser partícipes del gran encuentro. 

Desde hace varias temporadas, lo musical ha pasado a ser algo accesorio, sólo se habla del ritual masivo de los conciertos del Indio. No importa mucho si graba nuevo material, y menos si apuesta a algo novedoso. Otras figuras co generacionales de este artista, son capaces de pararse en un escenario enorme o pequeño, y verdaderamente conmover por sí mismos. Solari en cambio depende de la megalomanía. Cada concierto suyo parece tener como premisa central superar en convocatoria al anterior. Una mecánica muy parecida a la del estreno de cada tanque hollywoodense de alguna saga de súper héroes. 

La manifestación del malestar de mucha gente que asistió anoche al evento, marca un punto de quiebre en la fe a ciegas en "la misa". Debe ser muy complejo montar un show para tamaña multitud, y más aún contener al doble de fans que sin entrada en mano pugnan por ingresar al recinto. Más allá de la devoción, todo espectador debería exigir que la presentación esté técnicamente acorde a las dimensiones del lugar en que se despliega. Después de todo, para eso la mitad de los asistentes pagaron la nada despreciable cifra de $500.

Hay una gran paradoja en este fenómeno popular. Por un lado, da la sensación de que el músico le hace un enorme "fuck you" a los que compraron la entrada. Por el otro, más allá de lo difícil que debe ser contener a 50.000 mil personas que quieren ingresar gratis al evento, está esa cosa de deber/satisfacción de Solari de no verse rodeado de menos de 100.000 almas expectantes.

Da la sensación de que la única solución para que estos shows logren sintetizar mística y calidad técnica, es la de presentarlos en espacios de dimensiones más reducidas, como teatros o estadios cerrados. Es cierto que para eso Solari debería salir a trabajar más veces cada año, y que desde lo emocional el impacto sería menos contundente que el de una enorme multitud. 

El descontento que expresaron muchísimas personas por el show de anoche puede interpretarse como una señal. O el Indio no pisa más nuestra provincia por un largo tiempo, o busca una alternativa para que su ritual suene como corresponde.