Caetano Veloso, el melancólico de los abrazos

El músico brasileño cautivó anoche a más de mil quinientas personas en el Auditorio Ángel Bustelo, donde acompañado por BandaCê, presentó su último trabajo de estudio "Abraçaço".

Foto: Pachy Reynoso/MDZ
Foto: Pachy Reynoso/MDZ

Una escenografía minimalista, compuesta por cuatro atriles con pinturas de formas geométricas, rodean a los instrumentos sobre el escenario. Pasadas las 21.30, los primeros acordes de "A bossa nova é foda" envuelven a las mil quinientas personas que asistieron anoche a esta velada inolvidable en el Auditorio Ángel Bustelo. 

La canción que abre su último trabajo de estudio, Abraçaço, disco número 49 de Caetano Veloso que produjo su hijo Moreno Veloso junto al guitarrista Pedro Sâ, parece ser también su carta de presentación. Una síntesis perfecta de que la bossa nova puede ser el terreno de texturas sonoras tan disimiles, como la cadencia y la dulce armonía, pero además, el sonido agresivo y eléctrico. 


Caetano se presenta en escena acompañado de una formación pequeña pero, a la vez, suficiente. Tres jóvenes integran la denominada BandaCé: Pedro Sá (guitarra), Ricardo Dias Gomes (bajo y teclado) y Marcelo Callado (batería y percusión); una nueva generación de músicos que despliegan una potencia sonora que trasciende el bossa y permite una convivencia con otros géneros como el funk, el reggae y el rock. 

El segundo tema de la noche fue la exquisita "Baby", canción que fue muy conocida en los sesenta de la mano de Gal Costa. Le siguieron "Quando o galo cantou" y "Abraçaço". 

De muy buen humor, pero de pocas palabras, el bahiano demostró su magistral manejo del escenario, los climas y de su voz. Hubo que esperar hasta el quinto tema para escucharlo decir unas palabras: “Estoy muy feliz de estar en Mendoza”, y preguntó quienes estaban de cumpleaños, dedicándoles su próxima canción, "Parabens". 


La alegría y el ritmo eran, hasta aquí, los elementos que caracterizaban un show compuesto por canciones de su última trilogía discográfica ("Cê", "Zii e Zie" y "Abraçaço"). Pero la emoción no se hizo esperar al interpretar el tema ”Um comunista”, canción dedicada al guerrillero Carlos Marighella, donde el Auditorio quedó en completo silencio mientras el artista repetía “no entiendo que exista una vida sin utopía”. 

Luego llegaría una canción escrita a partir de un poema de Gregorio de Mattos, "Triste Bahía", seguido por "Estou triste", con una interpretación vocal que heló la sangre de todos. 

Para salir de este momento cargado de gran melancolía e introspección, "Odeio" le pondría, nuevamente, ritmo a un concierto inolvidable. 


Con “Funk Melódico”, Caetano demuestra su ruptura estética desde un lugar más rockero, distorsionado y hasta psicodélico, con un memorable solo de guitarra de Pedro Sá. 

Ya sobre el límite de la lista de temas, su voz volverá a ser la protagonista de la noche. Sus delicados vibratos transitan "De noite na cama", "O imperio da Lei", "Reconvexo", y el final del concierto con "Voce nao entende nada". 

Las canciones elegidas como bises fueron: "Tonada de luna llena", solo y a cappella interpretó quizás la mejor canción de la noche; seguida por "Nine out of ten", "Outro" y "A la luz de Tieta", donde el público abandonó sus lugares y, literalmente, terminó bailando frente al escenario. 


Con un show de dos horas y un total de veinticinco canciones interpretadas, Caetano demostró anoche en Mendoza por qué es considerado uno de los referentes más grandes de la canción latinoamericana, capaz de lograr comenzar y recomenzar dentro de su propia carrera, sin olvidar su esencia. Caetano logró abrazarnos a cada uno de los que estuvimos presentes. Por momentos, abrazos más íntimos y personales; luego, abrazos gigantescos para un Bustelo que terminó rendido a sus pies.