Durante las últimas décadas, Hollywood ha incrementado su potencial a partir de la explotación de franquicias exitosas. De esta manera, no resulta extraño encontrarnos con una vuelta de turca sobre uno de los inesperados sucesos de taquilla del año pasado, El conjuro. Desde el arranque, Annabelle funciona como precuela, en el sentido de que narra acontecimientos previos al mencionado éxito del cine de horror de 2013; y a la vez como spin off, por el hecho de centrar su atención en uno de los personajes que dio origen a la saga: la temible muñeca diabólica.
En 2016 llegará la segunda entrega de El conjuro. Mientras tanto, se mantiene a los seguidores aferrados a las butacas con esta historia ambientada a fines de los años 60. Aquí tenemos a una joven pareja conformada por Mia (Annabelle Wallis), una bella mujer que cursa el último tramo de su embarazo; y John (Ward Horton), un carilindo insulso que está a punto de recibirse de médico. Mia es coleccionista de muñecas, y John le obsequiará la macabra muñecota que les traerá más de un sobresalto. Hasta aquí es conveniente contar elementos de la trama.
Las consabidas escenas de sobresalto son eficaces, sobre todo durante el primer tramo del film, cuando irrumpen tras un prudencial tiempo de preparación dramática. Es para destacar que algunas de ellas se desarrollan de día, una buena alternativa al lugar común de la noche como epicentro terrorífico. A medida que avanza el relato, las secuencias de impacto tienden a automatizarse y volverse más extensas, perjudicadas por un abusivo subrayado de la banda sonora, que no escatima en CHANES a la hora de anticipar que lo que estamos a punto de ver será es-pe-luz-nan-te!!
El realizador John R. Leonetti (director de fotografía de El conjuro), opta por eliminar todo tipo de zonas grises. La narración explica todos los elementos en el acto, o bien minutos después de acontecido cualquier suceso extraño. Tal vez esto sea una limitación del guión, o bien la decisión de llevar al espectador directo a la atmósfera de alteración progresiva que propone Annabelle. Si indagamos un poco por el lado de los personajes, encontraremos que no aportan demasiado, sino que más bien se mantienen lineales de principio a fin. Mia será quien tome todas las decisiones a lo largo de la historia, y por supuesto gritará mucho muuuucho!. Es cierto que es difícil mantener la templanza frente a tamaños ataques diabólicos, pero hubiera sido interesante explorar más su costado de leona feroz a la hora de enfrentar las adversidades. Su marido John es prácticamente inexistente, y personajes secundarios como la librera y el cura no están del todo aprovechados.
No se puede dejar de señalar que el regodeo en varios aspectos del clásico El bebé de Rosemary, y las tensas vivencias por las que atravesó su director Roman Polanski; hacen inevitable una comparación en la que Annabelle pierde por goleada. Por un lado, la pareja protagónica es atacada por un par de integrantes de una secta ocultista, en un obvio paralelismo de la masacre a cargo de lunáticos del clan Manson en la que murió Sharon Tate (la esposa de Polanski), que claro, también estaba embarazada. Y las coincidencias no se agotan ahí, el cochecito de la beba recién nacida es igualito al que aparecía en la legendaria película de fines de los '60; y los nombres de los personajes centrales son Mia y John, en una clara alusión a los protagonistas del film del director polaco, Mia Farrow y John Cassavetes.
A diferencia de aquel ícono del cine de horror, esta muñeca resulta demasiado explicativa y previsible. No hay ningún tipo de ambigüedad, y el exceso de carga solemne termina por neutralizar una apuesta que con mayores matices y tal vez alguna ironía; hubiera dado en el blanco de la conmoción y perturbación duradera. Ese punto exacto que hace que un película de terror quede en la historia. Esta muñecota en cambio, irá rápido a la caja de juguetes olvidados.
Annabelle / 2014 / Estados Unidos / Terror / APM16 / 98 minutos / Dir.: John R. Leonetti / Int.: Annabelle Wallis, Ward Horton, Tony Amendola, Alfre Woodard.