Marilina Ross, un rapto de euforia y melancolía

La actriz y cantante eligió Mendoza para dar inicio a una gira nacional tras largos años de ausencia en los escenarios. Sin aires de divismo, la artista sonó convincente y potenció la calidez de sus canciones rústicas e inoxidables.

Foto: Alf Ponce / MDZ
Foto: Alf Ponce / MDZ

Después de largos años sin transitar los escenarios, la legendaria Marilina Ross decidió salir a los 71 años de nuevo a la ruta, alentada por su mujer y también por su amiga Sandra Mihanovich. Con la firme intención de reencontrarse con su público a través de sus clásicas canciones, Marilina demostró anoche frente a las 200 personas que asistimos a su presentación, que su voz sigue sonando potente y convincente.

El concierto tuvo una atmósfera especial. Por empezar, el escenario del show estuvo montado en la explanada de la Nave Cultural, bajo el inmejorable marco de un espacio abierto que afortunadamente logró despojarse del espeso zonda de la tarde. Banderas del sponsor FM Ayer colgando en las torres de luz y sonido, y un público con una edad promedio rondando los 50; constituyeron el marco de una propuesta al estilo "túnel del tiempo". Así y todo, una vez que Marilina pisó el escenario agradeciendo con una enorme calidez la chance de estar nuevamente frente a sus fans mendocinos, y también mostrándose eufórica por el conjuro de que junto a su público logró detener el viento; todo devino en una suerte de reunión intimista con una notable mixtura de felicidad y melancolía.


Con el oficio de Ángel Mahler en teclado y de la joven violinista Dolly Stabillini (pareja de Mahler), Ross logró darles nueva vida a sus eternas canciones, calzándose en algunas oportunidades la guitarra y dándole a la gente lo que esperaba: los clásicos. A lo largo del recital sonaron varios éxitos de su emblemático disco de 1982 Soles, abriendo con Esta noche yo aquí y pasando por himnos como Danza y Puerto Pollensa; tampoco faltó el toque Eladia Blázquez con Honrar la vida y un puñado de títulos entrañables.

Sin embargo, por lejos, el momento más emotivo del concierto fue cuando entró en escena su pareja (Patrici Rincci), y las dos brindaron, se miraron con ternura y se abrazaron durante una de las canciones de la primera etapa de Marilina. Pero no todo fue recuerdo, también hubo espacio para presentar el tema inédito Quién me iba a decir a mí, en el que con una letra juguetona la cantautora agradece haber encontrado el amor a los 70 años.

Lo de anoche además, fue el punto inicial de una gira que Ross encarará por el interior del país, con su propuesta transparente, que algunos podrán calificar como "demodé". Quienes estuvimos anoche en cambio, ratificamos a una artista absolutamente genuina en su andar por el escenario. Con momentos muy espontáneos, como cuando Marilina pidió agua, y al no estar su asistente cerca, bebió de una botellita de jugo de naranja que le acercó una espectadora, a la que más tarde retribuyó con un brindis con una copa de champagne. Los años no han larvado en ella esa cosa de "divismo" tan habitual en toda artista legendaria, ni tampoco la necesidad de mostrarse cool y renovada. Hay un encanto literal en las canciones de Marilina Ross, en el que más allá de una que otra metáfora, triunfa cierto espíritu rústico e inoxidable. "Aunque no lo veamos, el sol siempre está", canta en su clásico Soles, y ese calorcito primario sigue allí, conservando intacto el abrazo de antaño.