No te enamores nunca de aquel marinero bengalí

Los Abuelos de la Nada nacieron de la imaginación de Miguel Abuelo y fue una de las pocas bandas que tuvo cuatro formaciones diferentes. Pero, la segunda, marcó a fuego la música argentina.

Este año se están cumpliendo 30 años de la aparición del disco “Los Abuelos de la Nada”, ese que catapultó a la fama a aquella agrupación que le puso fiesta al rock hecho en la Argentina.

Miguel Abuelo (voz y percusión), Cachorro López (bajo y coros), Andrés Calamaro (voz y teclados), Gustavo Bazterrica (guitarra), Daniel Melingo (saxo, clarinete, guitarra y voz) y Polo Corbella (batería) habían asumido el desafío de ser la banda “distinta” y para eso llamaron la atención de Charly García, quien fue el productor artístico de ese material.

“No te enamores nunca de aquel marinero bengalí”, “Sin gamulán”, “Como debo andar”, “En la cama o en el suelo”, “Ir a más”, “Tristeza de la ciudad”, “Creo que es un sueño más”, “Levantando temperatura”, “Guindilla ardiente”, “Te vas rica” y “Se me olvidó que te olvidé” fueron las canciones que rompieron los moldes preestablecidos y que despertaron la atención de los jóvenes de ese momento.

Y hubo más.

Durante todo 1983 la banda no paró de tocar y a fin de ese año editaron “Vasos y Besos”, el otro gran disco de la banda. El éxito trajo alegría y peleas. Se fue Daniel Melingo y en su lugar apareció Alfredo Desiatta. Y la relación entre Miguel Abuelo y Andrés Calamaro empezó a resquebrajarse.

Este disco también tuvo sus éxitos: “No se desesperen”, “Así es el calor”, “Yo soy tu bandera”, “Sintonía americana”, “Espía de Dios”, “Cucarachón de tribunal”, “Vamos al ruedo”, “Mil horas”, “Hermana Teresa”, “Chalaman” y “Mundos in-mundos”.

El miércoles 20 de junio de 1984 fue un día especial para los mendocinos. Esa fue la única vez que Los Abuelos de la Nada, con su segunda formación, pisó el escenario montado en estadio Pacífico y dejo en estado de delirio a las más de cinco mil personas que estaban ahí, presentes, en la tarde de ese feriado.

Después, las noticias dirían que Gustavo Bazterrica se iría de la banda y en su lugar apareció Gringui Herrera.

Después, la banda volvió a la provincia. Fue en 1987, también en Pacífico, pero ya sin Cachorro López, Gustavo Bazterrica, Polo Corbella ni Andrés Calamaro. En su lugar estaban Pato Loza en batería, Kubero Díaz en guitarra, Juan del Barrio en teclados, Marcelo "chocolate" Fogo en bajo, Willy Crook en saxo y Miguel.

Lo que los jóvenes de los ochenta estaban disfrutando era fruto de un trabajo intenso de Miguel Abuelo, que ya en 1967 y obligado a inventar rápidamente un nombre, recordó una frase del libro "El banquete de Severo Arcangelo" de Leopoldo Merechal, que dice "Padre de los piojos, Abuelo de la nada". Y de allí el nombre.

Claudio Gabis y Pappo fueron algunos de los que pasaron por esa formación. Pero la partida de Miguel a Europa hizo que el proyecto quedara en el archivo. A su vuelta, en 1981, nace la segunda formación, la más exitosa de todos.

La partida de Calamaro hizo que Abuelo replanteara, una vez más, su grupo. Y así apareció la tercera formación con Kubero Díaz en guitarras, Chocolate Fogo (sobrino de Miguel) en bajo y Juan Del Barrio en teclados. Y más tarde estuvo Willy Crook y Pato Loza.

En 1997, Gato Azul Peralta (hijo de Miguel) reunió a algunos músicos que pasaron por la banda para darle vida una cuarta etapa que duró muy poco.

El marinero bengalí hizo bailar a una generación y hoy, su música es parte de la banda de sonido de nuestras vidas.

Fuentes:
Rock.com.ar

“El paladín de la libertad”, de Juanjo Carmona