Baglietto y Vitale, esos amigos del alma

Anoche se presentaron en el Bustelo para presentar el disco "Clásicos y acústicos" y para dejar sentado que la música seguirá viva mientras esté en sus manos. Excelentes arreglos, toda la energía y el histrionismo de Baglietto y una noche para guardarse en algún bolsillo del alma.

Lito y Juan... Nada más.
Lito y Juan... Nada más.

“Con Juan somos amigos y la pasamos bien tocando juntos, porque tenemos una visión de la música argentina particular”, nos decía Lito Vitale horas antes de presentarse en Mendoza. Se entiende, ese Juan al que se refería era Juan Carlos Baglietto. Y anoche, ante un Bustelo lleno, demostraron que son amigos, que les gusta tocar juntos, que se divierten y que mantienen intacta esa capacidad de magnetizar e hipnotizar al público.

El concierto de anoche llegaba para presentar el disco Clásicos y acústicos, grabado en el Colón en junio de este año. Y, desde ya se puede adelantar, va a ser otro de esos grandes discos de nuestra música.

Pasadas las 22.30 empezó el recital con los primeros sonidos del piano de Lito surgiendo ocultos por el telón, que al descorrerse mostró a esos dos enormes de la música argentina, a esos hermanados por el camino de los acordes y las canciones que nacen desde lo profundo del espíritu. Lito en su taburete ante el piano, Juan Carlos de frente al público, en el centro, y Renaceré, preludio para el año 3001, de Piazzolla y Ferrer.

“Renaceré, renaceré, renaceré”, cantaba Baglietto, y ahí le iba a la caza el piano a esa voz que cada vez suena mejor, helando la sangre de una platea generacionalmente muy homogénea que, muy probablemente, sabía que no sólo había llegado hasta el Bustelo a escuchar buenas canciones, sino también a reencontrarse consigo misma.

Y si con esto ya se habían ganado al público, para dejar bien en claro que habían llegado y estaban ahí, Vitale y Baglietto acariciaron (sería tan escaso escribir tocaron, interpretaron o cualquier otra cosa así de elemental), acariciaron, decíamos, Garúa (con una luz sobre Lito como si farol de esquina de San Telmo fuera) y Nostalgias.

Y con eso terminaba la primera parte de un show. Entonces se incorporaron el violín, el cello, el clarinete y la flauta traversa, y con ellos los arreglos musicales más importantes de la noche. La mano de Lito Vitale en esto se percibía en cada acorde, en cada arpegio. El otro cambio, los que se fueron, de Lito Nebbia, sonó como pocas veces hemos podido escucharlo, aunque por momentos el violín y el tono de voz de Baglietto parecían estar más que en un acuerdo musical, en un duelo de agudos. Este es, sin dudas, el único punto flojo de toda la orquestación.

Y subió luego Julián Baglietto, que antes de sentarse en la batería cantó a dúo con su papá Yo era el capitán (Roque Narvaja), y después ya sí se sumaron Guido Martínez y Mariano Delgado, y Baglietto (padre, el Juan Carlos rosarino) comenzó a sacar a ese histrión que carga consigo y con el que se morfa el escenario.

Poniendo caras desorientadas en Príncipe del manicomio, soltando toda la energía en El mensú, siguiendo, como siempre, el ritmo con todo el cuerpo, Baglietto jugó a cantar mientras Lito Vitale se encargaba de que las copas estuvieran siempre servidas.

La Milonga del 700 hizo que se lucieran (más aún) Vitale, Delgado y Martínez, y el último set del concierto llegó con algunos de esos ya clásicos del repertorio del dúo, con Piedra y camino como cierre, con un Baglietto que, guitarra eléctrica en mano, le puso a la canción de Yupanqui un tono roquero altísimo.

Dos bises, Las cosas tienen movimiento y El témpano, fueron el cierre de un instante de tango, folclore y rock en esta larga reunión que comenzó hace 21 años con Postales de este lado del mundo y que, por suerte, parece tener larga vida.

Vitale y Baglietto volvieron a presentarse en Mendoza y, como siempre, no defraudaron. El tiempo los enriquece, y ellos hacen lo mismo con la música.

Joyas en medio del tesoro musical

• Julián Baglietto tocando la batería para que su padre le ponga nuevamente la voz a las canciones que empezó a cantar hace treinta años.

• El solo de Lito como intro de Tonada del viejo amor, con aires de sonata en la que se colaban recuerdos de amores que no se acaban nunca.

• Una iluminación excelente que enriqueció cada momento.

• El recuerdo del Flaco Spinetta y Juan Carlos Badía.

Los músicos

Juan Carlos Baglietto: voz y guitarras.

Lito Vitale: piano, coros, arreglos y operador de sonido (PA y monitores).

Guido Martinez: contrabajo y coros.

Julián Baglietto: percusión y coros.

Mariano Delgado: guitarra.

Irene Cadario: violín.

Paula Pomeraniek: cello.

Emiliano Alvarez: clarinete.

Luciano Vitale: flauta traversa.

Alejandro Frias