Comienza hoy el Primer Festival Internacional de Teatro El Rayo Infinito de la Memoria, que se llevará a cabo en varias salas de la provincia y todas las obras que se presentarán han sido escritas por el enorme dramaturgo, actor y director Arístides Vargas.
Desde hoy hasta el domingo 5 de agosto se llevará a cabo este ciclo, en el cual se presentarán siete obras de Vargas, quien nació en Córdoba pero vivió desde muy pequeño en el departamento de San Martín, Mendoza, hasta que tuvo que exiliarse, en la década del 70.
El programa de El Rayo Infinito de la Memoria incluye: domingo 29 de julio en el teatro Independencia, Jardín de pulpos, por el elenco Pulpoteatro; lunes 30 de julio en El Taller, Donde el viento hace buñuelos, elenco Sobretabla, martes 31 de julio en la Enkosala, La razón blindada, elenco Buenté; miércoles 1 de agosto en el Quintanilla, La edad de la ciruela, por Práctica Escénica II; jueves 2 de agosto en la Enkosala, La muchacha de los libros usados, por El-enko; viernes 3 de agosto en el Independencia, Instrucciones para abrazar el aire, por Malayerba; sábado 4 de agosto en la Nave Cultural, Nuestra Señora de las Nubes, por D’à Deux, y domingo 5 de agosto en la Nave Cultural, Jardín de pulpos, por el elenco Pulpoteatro.
Todas las obras se presentarán a las 21.30, con un valor de 30 pesos general y 25 para estudiantes y jubilados.
“Trabajar con Arístides es una devolución de la vida”
Una de las personas más próximas a Arístides Vargas, amiga desde los comienzos de ambos, es Vilma Rúpolo, quien cuando estaba en la Escuela de Teatro, estaba a cargo del Departamento de Prácticas y Técnicas, y fue por entonces cuando propició el regreso de Arístides Vargas a la provincia, luego de tantos años de exilio.
“Lo llamamos y vino justo en la época en que la moneda tuvo problemas, y sin embargo era el destino que él tenía ese de volver a su lugar, a su patria. Cobró la mitad de lo que tenía que cobrar, pero él había decidido volver después de tantísimos años que llevaba exiliado”, recuerda Rúpolo, y luego viaja con su memoria más atrás, recuperando aquellos tiempos en que la Escuela de Teatro estaba en la calle Las Heras, en una vieja casona en la que el ballet ocupaba la parte trasera y arte escénico la de adelante.
Después vino el exilio de Vargas y su trabajo en Ecuador, donde fundó Malayerba, uno de los elencos más importantes de aquel país.
“En los años de exilio se convirtió en dramaturgo, incursionando en lo poético del realismo mágico, por eso sus obras se representan en todo el mundo, porque tienen un sabor muy latinoamericano”, destaca Vilma.
Rúpolo también hace hincapié en el trabajo en clave de “nosotros” de Vargas, porque Jardín de pulpos fue realizada hace muchos años, y ahora aquellos jóvenes se han reunido nuevamente para reponerla, después de más de 50 funciones en aquella primera etapa.
“Su venida fue como un retorno, justo hace diez años, y a los jóvenes de Mendoza le ha dado mucho, porque vino a dirigir dos seminarios. Para mí y mis compañeros de la época. Él no sólo es legendario y entrañable, sino que con su poesía ha seguido manteniendo la memoria.
Arístides significa mucho para mí, por todo lo que vivimos antes y porque hicimos dos Vendimias juntos. Trabajar con él como autor del guión es impresionantemente placentero y una devolución de la vida”, concluye Rúpolo sobre Vargas, quien tiene más que merecido este homenaje que es el Primer Festival Internacional de Teatro El Rayo Infinito de la Memoria, en el que serán representadas siete de sus obras.
Alejandro Frias