Aquellos que estuvimos este fin de semana en La Nave Cultural podemos dar fe que todo lo que se vivió allí fue de un altísimo profesionalismo, desde la puesta en escena hasta la propuesta musical. Y es ahí donde sale a relucir el orgullo localista.
“Círculo Mágico” es una idea de Polo Martí que hacía mucho tiempo rondaba por su cabeza, según contó él mismo. Después de la última edición de la Fiesta de la Cosecha quedó el compromiso de hacer algo entre todos los músicos que participaron de ella y que fueron dirigidos por el talentoso artista. A esa idea se sumó Fabián Sama –director de La Nave Cultural- y allí quedó establecido que ese era el lugar ideal para llevar adelante la experiencia. Pues bien, la fecha llegó y fueron los tres días del pasado fin de semana.
No quedan dudas que La Nave fue el mejor lugar: al llegar al espacio, uno se encontraba con el set circular de músicos y el público ubicado a sus espaldas, en los cuatro costados. Y allí, en ese espacio iban apareciendo los encargados de cautivar: María Soledad Contreras, Sandra Amaya, Marita Londra, Julieta Villar Cangemi, Marcelino Azaguate y José Quiroga fueron los protagonistas de los diversos momentos del espectáculo, poniendo sus voces al servicio de un ensamble musical virtuoso, cautivante.
Durante dos horas, fueron pasando composiciones andinas, del Litoral, de Cuyo (incluyendo un conmovedor homenaje a Nolo Tejón, presente en la sala en la noche del domingo), referidas al vino, al agua y, finalmente, a ese círculo mágico atrayente. Y una de las cosas que más atrajo al público fue el sonido limpio y directo, fruto del brillante trabajo de Pablo Moreno al mando de la consola permitiendo que los 16 músicos pudieran mostrar lo mejor de lo suyo, como así también lograr que la banda de sikuris “Huevo de Cóndor” sonara como nunca en ese espacio.
Ya son muchos los nombres propios que se han dado. Y a ellos hay que sumar los de Quique Öesch (percusión), Beti Plana (flautas), Gustavo Meli (batería), Sebastián Alcaraz (quena, sikus), Martín Castro (guitarra), Sebastián Rivas (guitarra eléctrica), Esteban Calderón (bandoneón), Alejandro Fiore (viola), Laura Dana (violín), Joel Di Cicco (violín), Matías Longo (violoncello), Laureano Melchiori (contrabajo) y Sebastián Narváez (guitarrón), todos ellos bajo la dirección musical de Polo Martí (guitarra, guitarra píccolo y requinto). ¿Cómo no va a salir algo genial con ellos?
A eso hay que sumarle la excepcional tarea de Ayelén Bonelli como escenógrafa y vestuarista, de Noelia Torres en el diseño de luces, de El Zonda cine en proyecciones y de Federico Ortega Oliveras como responsable general de la puesta en escena.
Mendoza tuvo un espectáculo de alto nivel musical durante tres noches. Conmovedor, brillante, cautivante.
Ojala se repita porque nos merecemos este tipo de desafíos hechos por mendocinos para los mendocinos porque no sólo lo que viene de afuera (a veces) es bueno.