Daniel Quiroga es uno de los grandes actores que ha dado Mendoza. Desde luego que la gran mayoría lo conoce gracias a la dupla que lleva adelante con Ernesto Suárez y el trabajo de años en distintos escenarios de la mano del humor. Pero Quiroga también es un destacado mimo y ha deleitado a multitudes con sus presentaciones.
Esta vez, ha decidido unir la actuación con la mímica y pasar sin escalas al género dramático. Por eso, esta noche y mañana presentara una particular versión de “Otelo”, el clásico de Williams Shakespeare, en donde es dirigido por Ernesto Suárez.
La entrada para este espectáculo tiene un valor único de $60 y se puede conseguir de manera anticipada en la boletería del teatro ubicada en Espejo y Chile de Ciudad.
Otelo, el moro de Venecia, es una obra de Shakespeare escrita alrededor de 1603. Es una tragedia como Hamlet, Macbeth y El rey Lear. Shakespeare escribió Otelo probablemente después de Hamlet pero antes que las dos posteriores.
La primera actuación de la que se tiene noticia se celebró el 1 de noviembre de 1604 en el Palacio de Whitehall de Londres.
El personaje principal, Otelo, se presenta piadosamente a pesar de su raza. Esto era poco habitual en la literatura inglesa en tiempos de Shakespeare, que describía a los moros y otros pueblos de piel oscura como villanos.
Antes de asumir el desafío y en el medio de un ensayo, Quiroga habló de todo con MDZ.
-¿Cómo es "Otelo" según Daniel Quiroga y Ernesto Suárez?
-Es un desafío enorme. Cuando tomé la decisión de hacer este drama no dudé ni un instante en pedirle a Ernesto que fuese el director. Estoy en sus manos y eso es muy bueno. La idea nació hace mucho y hace una año y medio atrás empezamos a trabajarla. Paramos unos meses y después retomamos con todo. Esta síntesis es bastante compleja porque hemos reducido personajes, hemos puesto textos de unos personajes en boca de otros como para poder hacer esta síntesis.
-Es un gran trabajo.
-Mucho trabajo y una previa muy larga de mi parte viendo todos los Otelos que pude ver, desde las dos versiones de ópera, hasta la primera película que izo Orson Welles en blanco y negro. Además, leí dos o tres versiones del mismo texto y de ese punto empecé a escribir.
-¿Te gusta Shakespeare?
-Me parece que tiene una psicología de cada uno de los personajes que es increíble. El tratamiento de cada uno de los personajes es muy importante. Y los hay buenos y malos. No está el malo lineal, sino el que siente, el que se angustia, el que se venga. Otelo es así: sufre, ama, llora, desea, todo.
-¿Estás solo en el escenario?
-Totalmente y voy representando los distintos personajes que los hemos resuelto con monólogos de Otelo y Yago en su gran mayoría. Yo empecé a escribir la historia desde Yago, porque creo que él es el protagonista y Otelo una víctima. Hay algunos títeres, hay máscaras y en la muerte de Desdémona hay una actriz.
-¿Cómo es la previa ante semejante estreno?
-Es buena. Estoy muy tranquilo porque creo que se ha hecho todo lo que se tenía que hacer. En otras oportunidades he llegado muy jugado a un estreno pero ahora he podido cumplir con los tiempos determinados y eso es bueno. Eso fue gracias a que encaré este trabajo con otra mentalidad, sabiendo que debía dedicarle un tiempo preestablecido. Si mi cabeza estuviese sólo en Otelo no estaría disfrutando este momento. El orden interno me ayudó de gran manera para disfrutar esta obra de otra manera, con la cabeza mucho más clara.
-Esto de manejar los tiempos te lo da la experiencia…
-Puede ser. Encaré este trabajo por un desafío más personal que profesional y la consecuencia de lo profesional me dispara otras cosas. Las modificaciones internas que me disparó este proceso fueron grandes: la tranquilidad, horarios específicos, sentarme a estudiar de memoria los textos (algo que no hago habitualmente), modular de otra manera, irme a un drama. Hay un gran desafío.
-Me llama la atención que digas que es un desafío personal por sobre todas las cosas.
-Si, es así. Me parece que uno nunca termina de aprender y al encarar esto me di cuenta que sigo aprendiendo del teatro.
-¿Sentís que hay diferencia al pasar del humor al drama?
-Seguro que las hay. Yo como actor tengo y que comunicar. En el humor hay un feedback permanente y el actor tiene que tener la capacidad de encontrar un ritmo para que no se generen vacíos y mucho más en un mensaje de humor como el que hacemos con Ernesto que no es frívolo sino con mensaje. En el drama, creo que no existe eso porque recién al final te das cuenta de la respuesta del público que puede aplaudir o no. En el humor lo vas testeando de manera permanente. En el drama hay un trabajo más interno y no se deben escapar estereotipos y muletillas, que si tiene el humor. Hay que ser muy profundo y hacer el texto de tal manera que no sea plano sino que vaya teniendo distintas profundidades. Igualmente, hacer humor es muy difícil y creo que no cualquiera hace humor. Es más probable que algunos se arriesguen en el drama y no en el humor.
-¿Por qué elegiste hacer la obra en el Independencia?
-Porqué se da todo junto: Otelo, Shakespeare, la dirección de Ernesto Suárez, mi actuación y un drama. Obviamente tenía que ser ahí. Sólo falta que cierre el espectáculo… pero eso es un detalle.
-¿Es el principio de algo este Otelo?
-La idea es llevarlo a festivales porque no se hacen muchos unipersonales de Shakespeare. Hay festivales internacionales que requieren mucho de este estilo de presentaciones y creo que allí podría nadar bien esta propuesta.