Dentro de mis tantos años como periodista especializado en música, tuve la suerte de compartir varios momentos junto a Adrián Otero.
Hacía mucho que no lo veía. La última vez fue en el Casino de Mendoza, cuando aún era parte de Memphis La Blusera y brindamos en la cocina del lugar: él con agua, yo con champagne.
Tengo que confesar que la noticia de su muerte me conmovió como a muchos de los que escuchamos y disfrutamos sus canciones. Y fue en ese momento, como siempre sucede, que aparecieron en mi mente algunos momentos imborrables, de esos que me hacen agradecer siempre a mi profesión.
Por eso, a modo de homenaje, van estas tres anécdotas con Otero.
1- Era enero de 1999. En la cancha de Independiente Rivadavia se organizó un seven de rugby y al final Memphis La Blusera tocaría en un escenario montado para ello. Por un error de comunicación, muy poca gente asistió al evento y a la hora señalada, unas cien personas se quedaron junto al escenario. El inexperto “productor” quería que si o si la banda subiera a tocar. Pero el manager de los músicos exigía el pago del cachet (como corresponde).
Fue entonces cuando por pedido especial de Otero se me pidió que presenciara en calidad de testigo la negociación.
Otero: Para que toquemos nos tenés que pagar todo el cachet. No tenemos problemas en tocar para cien, pero si queremos que nos pagués antes… Y ojo, ni un cheque…
Productor: Dale, suban y cuando bajan tienen la plata.
Otero: Walter, haceme un favor. Pedile a tu fotógrafo que le saque una foto a este tipo y si no nos paga cuando bajamos, publicala en el diario con el nombre y el número de teléfono y decís que cagó a Memphis La Blusera….
La banda subió al escenario y la rompió. La noche anterior se había presentado de manera gratuita ante una multitud en Mar del Plata y allí, en la cancha azul, estaba tocando para cien personas. Entonces, Otero se sentó al borde del escenario y empezó con su show:
“Vos, ¿cómo te llamás?
Público: “Federico”
Otero: “¿Qué querés escuchar Federico?”
Público: “La bifurcada”
Otero: “Para Federico, va La Bifurcada…!!!”
Marcaron tres y arrancaron.
Fue uno de los shows más íntimos y fantásticos que vi en mi vida.
Durante la última canción, el manager me vino a buscar para presenciar el final de la negociación. El inexperto “productor” llegó con la plata establecida y recaudada en tiempo record. Por supuesto, ni un cheque. Otero le dio la mano y explotó la sonrisa en su cara: “Viste pibe, hicimos el mejor show de nuestra historia… y sin cobrar por adelantado”.
2- En el año 2011, Memphis La Blusera editó su disco “Angelitos culones”. Para darle difusión, se invitó a periodistas de todo el país a una serie de entrevistas con el grupo. Pero al llegar a la Capital Federal, todos nos encontramos con la sorpresa que las notas serían con Adrián Otero, en un bar de la zona de Retiro. Quien escribe fue citado a las 19.
A la hora indicada y en el lugar establecido, Otero (sentado frente a una mesa pegada a una ventana que daba a la calle) sacó su mejor sonrisa y me estrechó la mano. Pero no se levantó.
Con el grabador en la mesa, la charla fue transitando por distintos tópicos hasta que llegamos al disco en cuestión.
“¿Por qué se llama “Angelitos Culones”? pregunté. Y justo, pero justo en ese momento, una hermosa señorita pasó por la vereda contorneando su bella figura. Otero, matándola con la mirada, me tomó del brazo y me invitó a sumarme al deleite visual, diciéndome: “Por eso….”. Rápido se levantó, abrió la puerta y salió a la caza de la dama.
Debo reconocer que estuve esperando por más de veinte minutos en el café. Nunca volvió. Pero me describió de la mejor manera porque se llamaba “Angelitos Culones” ese disco…
3- Un mediodía de octubre paré a almorzar en un restaurante de Floresta. El lugar tenía una onda de cantina espectacular, con olorcito a comida casera, mesas simples, vino de la casa en jarra y aceitunas aliñadas de entrada para ir picando. Siempre me cautivaron esos lugares que abundan en Buenos Aires.
En un momento, Emilio Villanueva y Daniel Beiserman (saxofonista y bajista y miembros fundadores de Memphis respectivamente) entraron y se acomodaron para almorzar.
Me acerqué, los saludé y les recordé que era un periodista mendocino. De inmediato me invitaron a compartir su mesa.
A la hora de los postres, me invitaron a ir con ellos un ensayo de la banda. Desde luego que suspendí todas mis actividades y puse mi proa rumbo a la sala. Al llegar ya estaba Adrián Otero y el resto de los integrantes, que saludaron afectuosamente.
Y lo increíble de ese momento fue ver a una banda con más de 20 años de trayectoria (por ese entonces) ensayar hasta los movimientos menos pensados, además de lo musical. Y fue allí donde descubrí el tremendo profesionalismo de Otero, que a la hora de subir a un escenario no jodía.
Adrián vivió varios infiernos en su vida y pudo salir de ellos con esfuerzo y dedicación, además de la ayuda de sus amigos.
Hoy, es parte de la historia de nuestra música.
Que sirvan estas anécdotas como homenaje a un tipo que nos hizo querer al blues.