Eso de que la barba y el pelo en grandes y tupidas cantidades es sinónimo de rock es una de las falacias más grandes de la historia de la música. Además de la misoginia subyacente a tremenda aseveración (que a esta altura debería haber sido erradicada por completo, pero.), es cierto que las hormonas -y las preferencias estéticas, por qué no- de numerosos artistas determinaron su imagen convirtiéndolos en representantes de una categoría tan superficial como existente, la de los lampiños del rock. ¿Quién se animaría a sostener que David Bowie tiene menos rock que James Hetfield?
Alejándose de la puerilidad asociada de manera prejuiciosa a la suavidad de esos rostros, muchos tuvieron que adaptarse a los dictámenes de sus biologías mientras que otros optaron por la afeitada al ras por comodidad o tendencia. Así, por ejemplo (y a pesar de que varios hayan decidido eventual y fugazmente cambiar su look), tenemos los casos más emblemáticos, como el mencionado Duque Blanco o Morrissey, otros como el del los ya no tan pequeños Alex Turner y Andrew VanWyngarden de MGMT y otros, como el de Frank Black, a quien el tiempo también le fue volando las chapas, convirtiéndolo en un lampiño por partida doble.
David Bowie
Brian Ferry
Thurston Moore y Lee Ranaldo de Sonic Youth
Andrew VanWyngarden de MGMT
Morrissey
Alex Turner de Arctic Monkeys
Frank Black
Fuente: Rolling Stone.