Altertango + Astillero = una flecha a los sentidos y las sensaciones

Una noche de tango puede ser mucho más que una mera noche de tango si se reúnen los músicos adecuados. Y eso fue lo que sucedió anoche en el Independencia. Mucho más que tango. Mucho más. El alma puesta en cada acorde, la vida en juego a cada momento.

La formación porteña estuvo por primera vez en la provincia. Foto: Gentileza Gobierno de Mendoza
La formación porteña estuvo por primera vez en la provincia. Foto: Gentileza Gobierno de Mendoza

Una noche de tango puede ser mucho más que una mera noche de tango si se reúnen los músicos adecuados. Y eso fue lo que sucedió anoche en el Independencia. Mucho más que tango. Mucho más. El alma puesta en cada acorde, la vida en juego a cada momento.

Altertango y Astillero se reunieron por primera vez en Mendoza y ofrecieron un concierto tanguero para los sentidos y las sensaciones, un show para el recuerdo.

El sello Altertango

No revelamos nada si decimos que la consolidación de Altertango (Victoria Di Raimondo en voz, Elbi Olalla en piano, Ezequiel Acosta en bandoneón, Pablo conalbi en Batería y Patricio Ibire  en bajo) viene de la mano de la solidez a nivel grupal.

Anoche, la voz de Victoria Di Raimondo llevó a los extremos las alegrías y los pesares del tango, dejando en claro su crecimiento como intérprete, su fortaleza vocal, su capacidad de ponerle alma a cada tango.

Con ambientes cada vez mejor logrados en cada una de las interpretaciones, Altertango logró sacarle al tango mucho más de lo esperable.  Y aportarle mucho también, como en el caso de la versión de Rock yugular, de los Redondos, o en el de las creaciones de Elbi Olalla, que ya nacen con el sello Altertango.

Queda por corregir el recitado de Di Raimondo, que no se condice con la fuerza de su voz ni con el espíritu que le nace sin esfuerzo en el canto, y la interpretación de Olalla, que por momentos se aleja del espíritu que el resto de la orquesta logra sostener.

Astillero y su péndulo de Foucault (o toda la vida tiene música)

Vamos al grano. Lo de Astillero (Julián Peralta en piano, Federico Maiocchi  en contrabajo, Luciano Falcón en cello, Mariano González Calo en bandoneón, Daniel Ruggiero en bandoneón  y Martijn van der Linden en violín) es absolutamente impresionante. Un edificio de sonidos y luces, de tango e imágenes que apunta directamente a los sentidos.

Por primera vez estuvo en Mendoza este grupo porteño, para el cual el mundo es el gran escenario del cual libar el arte.

A la propuesta musical la acompaña (decir complementa sería muy escaso) la proyección de imágenes, y ambas se fusionan en un show que lleva el tango a una expresión superlativa.
Toda la vida tienen música, parece ser el leitmotiv de Astillero, que es mucho más que una orquesta de tango. La propuesta integra imágenes y música con un formato de video clip, recurriendo incluso al cómic, como cuando, en medio de una tormenta musical, al fondo avanza la lucha entre Superman y Doomsday, la épica batalla en la que el superhéroe cae muerto.

Si se ha de buscar una metáfora para definir el espectáculo de Astillero, si nos proponemos comparar lo de anoche con algo, la respuesta la podemos encontrar en el medio del show, cuando un péndulo se movía en un vaivén que quebraba el tiempo, que quebraba todos los tiempos, como aquel famoso péndulo de Foucault que determinaba el centro del universo, y es que ese era el lugar en el que se ubicó anoche ese Independencia colmado, en el centro de un universo en el que todo se aúna.

La conexión con el público fue inmediata, con un Julián Peralta por momentos hasta histriónico desde su taburete, y este ingrediente se complementó cuando en la pantalla del fondo, luego de que todos los músicos se retiraran del escenario, se proyectaron imágenes del centro de Mendoza y la opinión de un vendedor de la plaza Independencia que aseguraba ser el dueño del mundo. Y no faltó tampoco la oportunidad para que Di Raimondo fuera invitada al escenario para cantar.

El show que ofreció anoche Astillero fue impecable desde donde se lo mire. Musicalmente redondo, con una puesta pensada en cada detalle y con músicos de excelencia. Un lujo para la noche del domingo.

Alejandro Frias