Perlitas imperdibles de los shows de Roger Waters en Argentina

El inglés ya lleva seis conciertos ofrecidos de los nueve programados en el estadio de River Plate. MDZ estuvo en el sexto y comparte con sus lectores una serie de sucesos inéditos.

Foto: latercera.com
Foto: latercera.com

Es increíble todo lo que está sucediendo en la Capital Federal con Roger Waters. Su presencia, pero sobre todo sus nueve conciertos programados en el estadio de River Plate ha alterado la vida normal de los porteños.

Basta caminar por la 9 de Julio y encontrarse con ese friso gigante dedicado a The Wall como para darse cuenta que todo está girando en torno al inglés.

Y Waters, hombre educado, ha retribuido tanto amor en gestos. Es decir, sale a caminar por el microcentro y se saca fotos con los fans, cumple con su protocolo político y se reúne con Cristina y con Macri, respectivamente; visita comedores escolares; llega al show con tiempo como para espiar al público y saluda al que lo descubre; y hasta se dio tiempo (que lo tiene y mucho) para ir al teatro ND/Ateneo para disfrutar de la banda de jazz de su hijo Harry Waters, que tocó el lunes pasado, a sala llena.

Pero para entender un poco más el fenómeno Waters, está bueno ir al show y darse cuenta lo que es esa revolución.

• En total, serán 400 mil personas las que vean y disfruten del show de Roger Waters en Argentina. Nunca antes un artista logró llenar durante nueve fechas el estadio Monumental de River.

• Lógicamente que los alrededores de la cancha de River se ven muy alterados durante estos veinte días. Es que hay calles cerradas al público, vallados, permisos municipales para circular por las coquetas calles del barrio River y vecinos que miran por detrás de las ventanas. Hay que ser justos y comentar que hasta el momento no ha sucedido nada extraño, tanto en el ingreso como en la salida de los shows. Pero ver desfilar cincuenta mil personas noche por medio durante nueve jornadas no es muy agradable para muchos. Encima, a fin de mes se viene el Quilmes Rock con tres días de duración…

• Precios uniformes. Antes de entrar al estadio, los vendedores ambulantes se multiplican por las diferentes filas de gente con sus entradas listas para el acceso. Así, se puede encontrar de todo, pero más que nada souvenirs de los shows. Ahora, adentro del estadio, todo está uniformado: cualquier cosa vale 20 pesos. Un pancho, una hamburguesa, un vaso de gaseosa, un paquete de galletas o de caramelos o una cerveza. Todo por 20 pesos.

• Hablando de cervezas, hay un detalle llamativo. Las latas de rubia se venden en algunos sectores de las tribunas, y el negocio está cargo de los “Borrachos del Tablón”, la temible barrabrava de River.

• Desde luego que el negocio de los estacionamientos y los trapitos también está en manos de los barras. Mientras uno va caminando rumbo al estadio, va notando el cambio de tarifa para poder estacionar. Ya a una cuadra al este de la avenida Cabildo (en Belgrano), hay trapitos que van por su parte. Ni hablar de los lugares cercanos al estadio, donde se les paga entre $120 y $150 por encontrar un lugar.

• Antes de que de comienzo el show de Roger Waters, se puede escuchar música en el estadio. Es muy agradable, mucho más teniendo en cuenta que acá no hay grupos soportes y que la espera se hace larga porque las puertas se abren a las 17. Así, en el set list extranjero totalmente apareció de manera sorpresiva “De música ligera”, de Soda Stereo. Y el público regaló su primera ovación de la jornada.

• Más de la música. Una de las grandes revelaciones de este show es el buscar la perfección hasta el más mínimo detalle. Así, no es casual que justo antes de que se apaguen las luces se hay escuchado “Mother” e “Imagine”, de John Lennon.

• Roger Waters dedicó el concierto a “las madres de Plaza de Mayo” y, de manera sorpresiva, se escucharon algunos silbidos en el estadio. Cuesta entender esta reacción. Además, el inglés se lo dedicó a Ernesto Sábato, por su búsqueda de la verdad. Estas fueron las únicas palabras en español que ofreció Waters.

• El sistema de sonido utilizado por Roger Waters en el estadio de River fue increíble. Repartido en los más alto de las tribunas y sumándose a los equipos lineales que estaban en el estadio, marcó una sensación única. Antes, sólo el mismo Waters usó ese sistema, en sus dos anteriores presentaciones en la Argentina.