Héctor Fernández Leal: recordando al gran provocador

Fue uno de los grandes actores mendocinos. Revolucionario, trasgresor, polémico, rey del café concert menduco. Un buen tipo que se fue y nunca tuvo su merecido homenaje. El recuerdo de Jorge Sosa.

El 23 de noviembre de 2001, Héctor Fernández Leal decidió inmortalizarse. Dijo basta a esa lucha contra una infección severa generalizada que lo tenía mal desde hacía un largo tiempo y murió.
 
Muchos años después de su partida nos dimos cuenta que no sólo se fue un hombre entrañable sino que también nos quedamos sin un actor destacado, con un tipo que impuso un estilo desenfadado y directo. Que nos quedamos sin café concert en Mendoza.
 
Héctor nació acá, intentó estudiar Psicología en La Plata pero decidió volver a su tierra para seguir adelante, y con toda la fuerza, con esa incipiente carrera actoral que había dejado trunca al partir.
 
Desde ese momento, dedicó su vida al teatro.

Héctor, junto a los Stan & Lasky.

Era bravo. Muchos lo querían y muchos lo odiaban. Frontal y directo, no era fácil encararlo cuando estaba enojado. Ni hablar si quien estaba adelante era el periodista que lo había criticado en su medio. Había que estar preparado para aguantar el vendaval. Pero se sabía que el final iba a ser agradable: tomando una copa de champagne y escuchando atentamente los sueños de la nueva obra.
 
Viajó y trabajó por todo el país. También hizo “Los habitantes de la noche”, un programa radial que se emitía desde las 0 a las 2 de la mañana por Nihuil y donde dejó su marca a fuego. Y fue un gran colaborador de todas aquellas instituciones a las que podía ayudar.

¿A ver si te acordás de esta cortina musical?

La gallega, Doña Tota, El Presidente y El Astronauta son algunos de los personajes que Héctor interpretó arriba de los escenarios y que lo pusieron en lo más alto de la estima del público.

“Cantando los 40”, “Homenaje a la sonrisa”, “Para vivir”, “Ensayo general” y “Domingo” fueron algunas de sus obras más vistas en Los Cuatro Gatos, en la sala del hotel Huentala o Florentino, con Jorge y Pocho Sosa. Fue el que motivó al resto de los actores a actuar en los cafés.

En la última etapa de su vida, quiso vivir en el Hotel Plaza, hecho un duque.

Héctor Fernández Leal fue un talentoso de aquellos, un apasionado. Y se extraña. Ojalá pronto le podamos brindar el homenaje que nunca de dimos.

Jorge Sosa también se unió a este recuerdo y escribió estas palabras:

EL HECTOR
Héctor era desbordante. No se reía, estallaba. A veces se reía más él que su público. Es que disfrutaba mucho de lo que hacía, en el escenario se superdimensionaba, era mucho más que un artista, era un artista disfrutando de su arte.

Agudo observador de la realidad sabía pone el chiste ahí donde el chiste subyacía.

El género del Café concert no tuvo un exponente mayor en Mendoza. Calentón como pocos, no pocas veces se enfrentó con el público en diálogos desopilantes. Prolijo hasta en el menor detalle de su ámbito, de sus vestimentas, de su escenografía. Tuve el gusto de ser su compañero.

Con Pocho Sosa y él tramamos algunos espectáculos que aún se recuerdan, en nuestra guarida bajo nivel: el antiguo Florentino, que ofrecía su menú artístico frente a la legislatura cuando la peatonal todavía estaba en ilusiones.

Compañero hasta la médula, amigo sin concesiones. Un tipazo, un grande, un olvidado.

Muchos mendocinos que ahora peinan canas, o se las tiñen, pasaron noches fantásticas con sus trabajos teatrales. Murió enfermo, desarticulado, lejos de él, en soledad y sin tener ganas de compañías.

Creo que Mendoza le debe algo a Héctor, porque él fue sinónimo de alegría y eso forma parte de la esperanza de los pueblos. HECTOR FERNANDEZ LEAL. Lo escribo con mayúsculas, porque así lo siento.

Gracias por la fantasía, querido bufón de tantas noches de carcajadas.