por Leandro Mattanó
Corría el año 1965, el año en que todo cambió. Bob Dylan ya había hecho 4 discos (“Bob Dylan”, “The freewheelin`Bob Dylan”, “The Times they are a-changin” y “Another side of Bob Dylan2), pero algo estaba pasando en su vida y le estaba martillando el cerebro: se llamaba rock.
Antes de ser un músico folk, el rock and roll clásico era lo que a Dylan le gustaba: amaba a Bill Halley, a Little Richard, y a Elvis pero cuando tenía 17 años, el movimiento entró en su famosa debacle de fines de los 50 y allí descubrió el folk. Y con guitarra acústica y armónica mediante, llegó a ser el portavoz de la generación reinante con sus predicas y poemas, desarrollados en estos primeros álbumes. Pero algo estaba por pasar.
El mundo del folk era pequeño y cerrado, y a Dylan le quedaba chico. El primer cambio vino con las letras, no tan “de protesta”, ni folclóricas, y si más intimistas e intrincadas. En una gira por el desierto de EEUU, Dylan recorre en auto gran parte de su país. La radio del auto sonaba y en una pequeña ciudad escucha una lista de charts: de las 10 primeras canciones, 8 eran de los Beatles. En ese momento se dio cuenta que ese era el camino y que los Fab Four lo habían logrado, sabía que no era algo pasajero, y que ellos habían marcado el camino.
En su primer disco, Dylan hizo una versión de “The House Of Rising Sun”. Pero cuando Dylan escuchó la versión del tema hecha por Eric Burdon y The Animals se terminó de dar cuenta de todo. Pueden escuchar las dos juntas para darse cuenta. Y el se dio cuenta: tenía que volver a su origen nada más que el rock and roll ya no era el de sus ídolos de la infancia. El camino estaba listo. Solo había que andarlo.
En enero de 1965 Dylan se encerró en los estudios de Columbia en Nueva York, hizo y grabó los temas de su quinto disco: “Bringing It All Back Home”. El disco salió el 22 de marzo de 1965, superó el millón de copias vendidas, fue Disco de Oro, y su primer tema “Subterranean Homesick Blues” descolló.
Vale la pena ver el videoclip del año 65 (uno de los primeros en “traducir” la letra), donde Dylan pasa carteles con la mano, delante del poeta beat Allen Ginsberg , que decora desde atrás la imagen. El sonido del tema es fuerte, eléctrico, agresivo, rotundo, diferente a todo lo que Dylan había hecho hasta entonces. La cara B del vinilo empezaba con “Mr. Tambourine Man”. Ambos temas tiene referencias a drogas y viajes. Otro cambio en la carrera de Dylan. Y además, en la parte de atrás de la tapa del vinilo, hay un largo texto de referencias poéticas y conceptuales hechas por Dylan, de la cual destaco una: “Acepto el caos. No estoy seguro de que el caos me acepte a mí”. Más claro imposible. Y el caos lo aceptó como a nadie. Ingresó Dylan al panteón del rock, y a partir de aquí nada fue igual.
En abril del 65 Dylan hace su famosa gira en Gran Bretaña, la cual fue documentada por David Pennebaker en “Don´t Look Back” (título que refiere explícitamente que Dylan estaba dejando algo en el camino y no debía “mirar atrás”). Ese “Don´t Look Back”, tenía su razón de ser: el mundo del folk se sentía terriblemente traicionado por el cambio de Dylan, a la vez que a la inversa, el mundo del rock se sentía emocionado y agradecido.
Otro cambio importante en la vida de Dylan: en esta gira, Joan Baez, su compañera folk, también fue desplazada: los cambios de Dylan venían con todo. Joan Baez lo había presentado en EEUU, y ella esperaba que él haga lo mismo en Inglaterra. No pudo ser, se volvió antes. Y Dylan comenzó su relación con Sara Lowndes. Ya en junio de 1965 Dylan volvió a EEUU a hacer historia: en la Sala A de los Estudios Columbia lo esperaban Mike Bloomfield (guitarrista extraordinario), Al Kooper y otros músicos, que dieron forma a la canción más revolucionaria de historia del rock, la que modificó los estándares vigentes, la que cambió “la cabeza” de cientos de músicos, la que cambió todas las convenciones artísticas y comerciales, la que fue considerada la mejor canción de la historia del rock, y que incluso llevó a decir al mismo Dylan, que antes de esta canción, nadie había escrito nada: “Like a Rolling Stone”.
A partir de este tema, el rock, por primera vez, hizo lo que el artista quería. Nada más ni nada menos de eso. Casi 7 minutos, algo totalmente descabellado en la época, que a fuerza de no creer, se convirtieron en radiales, con una poesía llena de giros y expresiones surrealistas, pero a su vez con los pies sobre la tierra como nunca. Tengo el encanto de haber gritado “How does it feel?” con Dylan frente mío, en la primera fila del Gran Rex, en su últimos conciertos en Buenos Aires. Fue emocionante, por todo lo que ese grito significa, no sólo en la letra de la canción, (donde Dylan le pregunta “como se siente” a una chica que había tenido todo, una buena vida, dinero y placeres, y que de repente se queda sin nada, como una completa desconocida vagabundeando en la calle) sino también en la vida diaria, donde siempre nos preguntamos cómo se siente alguien o uno mismo ante tal o cual situación. En fin, el 20 de julio de 1965 se publicó la canción como un single, y esta transformó y revolucionó todos los estándares vigentes, y luego formó parte del sexto álbum de Dylan, “Highway 61 Revisited”, donde abría el mismo.
Pero la transformación de Dylan en “eléctrico” tuvo el capítulo más difícil de sobrellevar el 25 de julio de 1965, cuando un Dylan totalmente renovado, tenía que presentarse ante “sus antiguos seguidores”, que lo habían adorado y convertido en el portavoz de “su” generación, gracias a sus canciones de protesta y baladas folk: tenía que volver al famoso “Festival de Newport”, que al igual que los últimos años, lo había acogido con una calidez inigualable.
Era el niño mimado del festival, y sus últimas presentaciones habían sido sólo con su guitarra acústica, y su armónica. Y como diría Alex en la Naranja Mecánica ¿y ahora que pasa? y pasó de todo. Dylan se subió con unos potentes amplificadores con el volumen fuertísimo, con guitarras eléctricas, con lentes oscuros, con su pelo más largo, con músicos de rock, y largó con “Like a Rolling Stone”. La gente, totalmente decepcionada y sintiéndose agredida por lo que veía, comenzó a abuchearlo, le gritaron “vendido”, las protestas subieron de tono, los puristas del folk -como Pete Seeger- que estaban detrás, no podían creer lo que veían y escuchaban. Incluso la leyenda cuenta que le querían cortar los cables para que se quede sin sonido.
Siguió con “It takes a lot to Laugh, it takes a train to cry” y los gritos arreciaban. A Dylan todo esto, lejos de divertirlo, lo disgustó mucho. Obviamente no se sintió cómodo, e hizo algo que nunca más en su vida hizo: tuvo una concesión con el público, y luego salió solo con una guitarra acústica que le consiguieron, una armónica y cantó “It´s all over Now, Baby Blue”, el tema que cierra su último álbum, sus últimos acordes folk. Alguien le pidió “Mr. Tambourine man”, la cantó y terminó con un solo de armónica. Nunca más volvió a pisar el escenario del Festival de Newport. Sabe que cometió un error. Un grave error. Y lo subsanó al final.
Su siguiente gira por EEUU incluía un set eléctrico, y otro acústico. Inteligentemente fue preparando a su gente, para lo que vendría (Highway 61 Revisited, y el magnífico “Blonde on Blonde”, y demás), y que no pararía hasta nuestros días.
La historia de Dylan es inabarcable. Pero lo importante de todo esto fue que en el año 1965 y con su “electrificación”, Dylan ingresó al mundo del rock por la puerta grande. No hay músico que no lo haya tenido como una de sus mayores influencias. Desde Hendrix, hasta los mismos Beatles. Así como Dylan en aquella carretera al escuchar a los Beatles, cambió y se dio cuenta que el camino era eléctrico, éste a su vez, provocó cambios en los chicos Liverpool.
Cuando conocieron a Dylan (en este 1965) los Beatles grabaron el álbum comienzo de su transformación “Rubber Soul” (que salió a fines del 65), y ese cambió, en parte se atribuye a la influencia de Dylan en ellos, y logró su culminación con el revolucionario “Revolver” de 1966. El merito de este cambio fue haber introducido la poesía en el rock.
A partir de la electrificación de Dylan, el rock cambió de contenidos en sus letras: de hablar de autos, mujeres, y placeres, pasó a tener poesía, giros, bellezas líricas, y bueno, Dylan, del folk al rock, de la acústica, a la eléctrica: el mundo del rock, agradecido.