Era agosto del 2002. Uno de los legendarios productores de espectáculos de Mendoza, el "Ronco" Omar del Río, pasó a verme por el diario para darme una noticia: "Mañana, a las 10, te espera Facundo Cabral en el Hotel Internacional. Hacele una entrevista ahora que viene de Chile, porque en un mes lo traigo a Mendoza" me dijo.
Desde luego, en mi cabeza se instalaron las canciones y las glosas de "FerroCabral", aquel inolvidable disco de los 80 que llenó varios de nuestros momentos.
Traté de no hacerme mucho problema. Sólo tenía que tener claras las primeras dos preguntas. Y desde ahí, sabía que vendría lo mejor.
Al otro día, en el café del hotel estaba Facundo. Jeans, zapatillas, camisa sencilla y anteojos colgando. Un té con limón era su bebida.
"¿Hace mucho que no venía por Mendoza?" fue la pregunta elegida para romper el diálogo, expectante. Y allí nomás recordó cuando hizo "FerroCabral" en el hoy desaparecido cine teatro Opera. Y no hizo falta más cuestionario. Todo apareció como un diálogo gentil, con la enorme capacidad de hacerme compinche y permitirme ser parte íntima de sus historias. Eso si: fueron dos horas de suma atención a cada una de sus palabras, sus definiciones, de estar atento a las repreguntas.
Grabé un cassette. Y como no tenía más y cada cosa que me decía era cada vez más interesante, empecé a regrabar. Y a anotar, y a hacer memoria. Habían tantas frases que me gustaban -y que le gustaban a todos, con ese misticismo tan bien aceptado- que no había disco duro que alcanzara para guardarlas.
El resto es anecdótico: Cabral no volvió al mes siguiente y hubo que esperar casi siete años para que eso sucediera.
Hoy, el recuerdo trajo esas dos horas a mi mente y mi corazón. Otro motivo más para seguir amando a mi profesión.
Un momento en Mendoza con Facundo Cabral
La noticia de la muerte disparó la memoria de manera inoportuna. Flashes, respasos y momentos de dos horas con un hombre al que daba gusto escuchar, de tanto en tanto.