Haciendo cola en la puerta de casa Galli

Los tiempos cambian pero las historias quedan y merecen ser contadas. Atrás quedaron aquellos días donde no podíamos dormir esperando a que la mañana siguiente abriera nuestra disquería preferida para escuchar lo nuevo "de".

Foto: Pachy Reynoso / MDZ
Foto: Pachy Reynoso / MDZ

Algunos recuerdos se van transformando en flashes. La exactitud va quedando un tanto relegada para dar paso al recuerdo borroso de aquel momento.

Vaya a saber porqué, a veces uno se levanta con esa postal en la cabeza…

Hay una necesidad permanente de apostar a lo nuevo, a lo que viene, a los The National, Coldplay, Paramore, Foo Fighters, The Strokes, Arctic Monkeys, Estelares, El mató a un policía motorizado, Daniel Vinderman y hasta Lady Gaga. Hay una búsqueda constante de nuevas sensaciones, de sonidos texturados que le devuelvan la sonrisa a nuestros castigados oídos.

Pero más allá de esa tarea que día a día se mantiene (para algunos como una exigencia laboral y para otros por el simple gusto de escuchar música) siempre aparece el fogonazo preciso de esos momentos donde la pasión tomaba forma.

Mañana de jueves, calle San Martín casi Espejo. A las 9 de la mañana, más de treinta pibes hacían una fila bien ordenada desde la puerta de Casa Galli. Claro, era el día en que llegaban los nuevos discos, esos que ponían en la vidriera corrediza, esos mismos que sonaban en los “huevos sónicos” donde picaban todas las canciones.

Y de ahí, donde depositábamos gustosos los ahorros mensuales, directo a la casa de algún amigo que estaba presto esperando con el 3 en 1 para poner el disco y copiarlo a cuanto TDK apareciera.

Entonces, empezaba la científica tarea de escuchar todos y cada uno de los sonidos, de leer la contratapa y el sobre hasta que las letras desaparecieran, de sumarle la Pelo para poder obtener más data, de no perdernos ni un Tiempo Progresivo para saber si algún productor decidía que nuestra ciudad fuera parte de la gira de presentación.

Hoy es distinto en cuanto a la forma. Las colas no existen y los discos se descargan hasta antes de su publicación oficial. Pero la pasión sigue siendo la misma. Es conmovedor ver a mi hija escribiendo la letra de la canción en un papel… No todo ha muerto.

Seguramente más de una vez, en el medio de la vorágine, la vida nos lleva a pasar por la puerta de donde era Dimensión 33, La Artística, Elior o Casa Galli. Cerrá los ojos un poco y recordá que un día como hoy, pero de hace treinta años, estaban en la vidriera los siguientes discos:

Cantilo y Punch: En la jungla


Dulces 16: Dulces 16

Dúo Fantasía: Cuando mañana  

León Gieco: Pensar en nada  

Manal: Reunión 

Nito Mestre: 20/10  

Litto Nebbia: Sólo se trata de vivir

Piero: Calor humano

Raúl Porchetto: Televisión

Riff: Ruedas de metal

Serú Girán: Peperina

Spinetta Jade: Los niños que escriben en el cielo 

 

Virus: Wadu-wadu

Vivencia: Libro de las pequeñas historias