La apreciación común dice que la línea que separa lo sublime de lo ridículo es delgada, apenas perceptible. El riesgo de la mayor apuesta es indisociable del miedo, quizá el terror, a la más grande de las pérdidas. Y ahí siempre ha estado Almodóvar. 'La piel que habito' es eso, pero de otra manera: la película de Almodóvar se encuentra esta vez más cerca del sustantivo Almodóvar y más lejos del adjetivo 'almodovariano'. Y perdón por el amago de oxímoron. Y otra vez perdón por decir oxímoron.
Si se quiere, esta es una apuesta lanzada al límite del propio universo (que lo hay) de Almodóvar. Eso sí, y aquí el logro, con la mayor economía de elementos que nunca ha visto su cine. Radical, voraz, quirúrgicamente perfecta. Tan precisa como abrumadora.
Esencia de Almodóvar
'La piel que habito' es la película más contenida y minimalista del cineasta.