Hablar con Woody Allen le trae a uno recuerdos de hablar con ciertos miembros de su familia. No es la primera vez que lo encuentro: la rutina de presentar sus últimas películas en diversos festivales internacionales posibilitó cruzarlo varias veces, mesa redonda mediante. Y de a poco uno le va adivinando los tics.
Veamos, por ejemplo: “Estoy un poco resfriado”, dice apenas entra. No es la primera vez, en otras ocasiones era tos o también resfrío y hasta un problema en el oído que ahora parece haber desaparecido. Eso que hace Allen de presentarse con una enfermedad suena como un hábito familiar, e inmediatamente uno se siente como en casa. Eso sí, a diferencia de las quejas de los parientes de uno, a Allen le prestan atención.
Mirá la entrevista en Clarín