Exactamente a las 22 se apagaron las luces. Buena señal.
Dos minutos más tarde, entre sonidos incidentales, Ian Paice marcó cuatro y la bomba sonora de Deep Purple derritió a los corazones mendocinos. Highway star empezó a penetrarnos y más de uno debió mirar una y otra vez al escenario para comprobar que lo que estaba sucediendo era verdad.
Estimados lectores, una de las bandas de rock más influyentes del mundo estuvo acá, en la esquina de nuestras casas. Ian Gillan, Roger Glover, Ian Paice, Steve Morse y Don Airey, músicos admirados, copiados, amados e idolatrados, subieron a las tablas mendocinas para hacer lo que mejor saben hacer. Y dejaron una sonrisa marcada a fuego en cada uno de los dos mil quinientos asistentes al Bustelo que, de pie, brillaron tanto como la banda.
El ser una banda longeva tiene sus pros y sus contras. Gillan canta y sus agudos ya no son históricos. Pero a nadie le interesó. Morse no es Blackmore ni Satriani, pero es uno de los guitarristas más virtuosos del mundo (y anoche se pudo comprobrar), que le da un ritmo más que interesante al grupo. Don Airey lleva la mochila de tener que suplantar nada menos que a John Lord, pero sale ileso (con jueguitos para la tribuna, como hacer un medley de Piazzolla y parte del Malambo de Ginastera en el medio de un solo). Y el poder disfrutar de dos músicos legendarios y brutales como Paice y Glover. Seguramente, pasará mucho tiempo para que en ese Bustelo suene una batería como la del genial Ian Paice.
Lazy, The well dressed guitar, Rapture of the deep, Contact lost, Maybe I'm a Leo, Strange kind of woman, Knocking at your back door, Perfect strangers, Space truckin, Hush y Black night fueron algunas de las joyas que endulzaron esa hora y cincuenta minutos de show, mostrando el potencial y la profesionalidad de una banda que marcó rumbos y que tiene –aún- mucho para dar, porque Gillan maneja los tiempos a la vieja usanza en el escenario, porque Morse es capaz de desatar un infierno con sus solos y porque la dupla Paice-Glover puede aniquilar a cualquiera con su frenético ritmo.
El principio del final fue para Smoke on the water, himno generacional que humedeció los ojos de muchos. Que esa canción estuviese sonando en un escenario mendocino interpretada por sus originales hacedores fue fuerte, conmovedor. Y el propio Morse se encargó de hacerlo notar al hacer como intro partes de otros clásicos del rock mundial y dejando para el final el riff de uno de los diez temas más importantes del rock mundial.
Seguro que nos quedamos con las ganas de escuchar Woman from Tokyo o Burn, pero eso ya es mucho pedir.
Deep Purple estuvo en Mendoza y mucho se hablará de ese show incendiario que la banda dio en el Parque Cívico, donde los cincuentones y cuarentones del público le dieron el calor necesario a la jornada como para que quede marcada como una de las más importantes que vivió el rock de esta provincia. Y, dicho sea de paso, fue un placer ver a tanto músico entre el público.
Después de Yes y The Cult, los mendocinos dimos -¡por fin!- una señal de que estamos vivos y que sabemos disfrutar de lo bueno. Ojalá que la música del mundo nos siga poniendo como escala de sus giras. Se los agradeceremos eternamente. Como a Deep Purple.
Pedido especial: si tenés videos subidos del show, envianos tu link, así los disfrutamos entre todos.
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