¿Quién no deseó alguna vez morir al menos por un rato? El Rey lo logró. Fue un impasse silencioso. En ese tiempo, no existieron noticias, ni recitales, ni declaraciones, ni ninguna prueba de vida que comprobara lo contrario.
Para todos, comenzando por los periodistas mexicanos, Luis Miguel (40) estaba muerto. Sin embargo (esta vez se necesitó un poco más de tres días), El Sol de México resucitó. “¡Estoy encantado de estar con vida!”, dijo acompañando sus primeras palabras por una sonrisa perfecta y socarrona.
¿Qué cómo fueron sus días en el cielo? Paradisíacos, como la suerte de los bienaventurados. “Estaba en el más allá… pero en las playas de Bora Bora”. Sí, la Polinesia Francesa.
Probablemente hasta Dios eligiera el mismo lugar para descansar… Pero lo cierto es que el rumor no le causó ninguna gracia: “No me pareció propio ni adecuado salir a aclarar tantas versiones como lo de mi muerte, porque hubiera sido caer en el mismo juego. ¡Que lo aclaren los que lo inventaron!”. Ya no hacía falta.
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