“Fantástica”: una revista desigual pero exitosa

La revista se presenta en Mendoza con cuatro funciones agotadas. En la nota, una reseña de la desequilibrada obra, las críticas de Carmen al Teatro Plaza y una galería de fotos -¡Con algunas imágenes que dejan sin respiro!-. Hay yapa: Adaro, por twitter, la compara con un rejunte polìtico actual.

Carmen y Tristán en un sketch. Los dos artistas fueron ovacionados por los mendocinos. Foto: Pachy Reynoso / MDZ
Carmen y Tristán en un sketch. Los dos artistas fueron ovacionados por los mendocinos. Foto: Pachy Reynoso / MDZ

En la temporada veraniega, “Fantástica” se consagró como uno de los primeros espectáculos en materia de recaudaciones en todas las plazas teatrales del país. La creación de Carmen Barbieri, acompañada y dirigida por Santiago Bal, es un mix de cuadros extremadamente diferentes que, evidentemente entusiasman al público, pero que ciertamente dejan un poco de confusión: algunos están muy bien logrados, pero otros pecan de demasiado amateurs –teniendo en cuenta la experiencia del matrimonio en el género de la revista porteña-.


Breve reseña

La revista comienza con un flashback al espectáculo anterior de la compañía (“Vedettisima”) con todo el elenco en escena. Luego de un saludo y la exhibición de mucho brillo y lentejuelas, Carmen Barbieri es la que se queda y comienza un monólogo –vivaz, divertido… pero con chistes archiconocidos- que se repetirá dos o tres veces y que desde un principio confirma que es la preferida del público y la que se llevará las aplausos más fuertes.

Matias Alé y Rolo Puente llegan luego, en el rol de dos asistentes gay de Carmen que pelean entre sí y dialogan con ella. Bastante estereotipados, con una mala personificación del ya extremadamente utilizado personaje del gay “diva”: malos roles del hombre afeminado, con mucha pluma e histeria, y grititos patéticos. No fue un buen comienzo, ciertamente.

Llegó luego un cuadro en el que Carmen toma mate con su mucama (una de las chicas de la compañía que nunca se supo ni el nombre) y que sorprendió por lo improvisado. Esto igualmente se reiteró en varias oportunidades: es más, descubrimos que en el piso del teatro estaban pegados algunos carteles con fragmentos de los textos. ¿Habrá habido cambios de último momento? Quizás esta es la explicación, porque Daniela Cardone, Rocío Marengo y Silvina Escudero (quienes originalmente formaban parte de esta propuesta), ya sea por salidas escandalosas de la compañía o porque “no hacen gira por el interior”, brillaron por su ausencia. Las que están son Mónica Farro y Andrea Guidone, y con ellas basta para que la platea masculina se deshaga en piropos.

Uno de los carteles pegados en el piso del escenario.

 

De aquí en adelante sobrevienen cuadros musicales (el de la domadora de leones, protagonizado por Mónica Farro, es el más logrado, a pesar de los problemas técnicos: el telón se abrió antes de tiempo y no estaba todo listo, los gritos e insultos de los productores y escenógrafos se escucharon desde la platea), sketchs cómicos (en los que se destacan Tirstán y Paola Miranda), más monólogos (de Barbieri, de Bal), un pseudo-homenaje (que intentó ser emotivo) a célebres personajes de la revista porteña con un videograph y musiquita lacrimógena, y un malambo con boleadoras compuesto especialmente para la obra por la coreógrafa Alicia Barceló, en el que irrumpe el Himno Nacional Argentino a modo de distinción a la Patria por el bicentenario, y que termina con lágrimas en los ojos de las media vedettes (¡¿?!). 

El Teatro Plaza: una sala que quedó chica

La llegada de estas obras muestra, una vez más, la deficiencia de nuestra provincia en materia de espacios para espectáculos teatrales o musicales. Son contados los lugares que los empresarios tienen como opción para traer la diversidad de propuestas nacionales e internacionales existentes, y cuando por fin llegan, muchos de ellos se ven mermados en su calidad o deben ser adaptados a las salas porque estas no poseen la suficiente infraestructura para acogerlos.

Uno de los miembros de Grupo Tres, la productora responsable de la llegada de “Fantástica” comentó a MDZ que “tuvimos que armar una caja escénica en lo que es el proscenio del teatro. El teatro Plaza no tiene estos beneficios, y para poder ingresar toda la escenografía -que es monumental, entra y sale- se necesita mucho espacio. Las bambalinas del Plaza son muy pequeñas. Hemos adelantado el telón del teatro prácticamente unos cinco metros. Este cambio no ha repercutido en espacio, no hubo que quitar butacas, pero si implicó una inversión en el tema costos. Prácticamente es armar un teatro nuevo para utilizarlo solo en dos días”. 


Carmen tiró un palito. Las dificultades en los cambios escenográficos fueron evidentes, y la cabeza de compañía de la obra, en el saludo final, también tocó el tema: “Tenemos toda la buena voluntad, pero lamentablemente, esto es un cine. La parrilla de luces y muchas cosas no pudieron estar en el espectáculo… Es más, la mitad del decorado quedó en el colectivo. Pero quédense tranquilos, no se quedó el talento: acá estamos, con un show arrollador”, dijo.

Lo más aplaudido

Hay una escena dramática muy bien elaborada y emocional entre Alberto Martín y Carmen Baribieri. El hace de un trabajador portuario. Ella, de una madama. El llega triste, harto de la vida cotidiana, necesitado de cariño –su mujer ya no se lo brinda-. Ella, prostituta de años y mujer de la vida, capta instantáneamente su penar. "Vení, tocá acá", le propone tirada en la cama con un body negro que muestra su voluptuoso cuerpo. Èl no sólo la acaricia con sus manos de trabajador, sino que encuentra placer y contención, esa que venía a buscar.

Esta parte es, quizás, la más interesante y la que queda más descolgada de todo el espectáculo. En ella Barbieri y Martín se muestran como dos verdaderos actores que emocionan, que crean un clima intimista entre tanta lentejuela, carne suelta, estridentes parloteos y grotescos y básicos chistecillos.

Paola Miranda es la que se desempeña como mejor comediante de todas las chicas. Es la única que canta, baila y "actúa".

Otro de los que merecen un párrafo es Matías Alé. Con una personalidad ingenua, chistes tontos y buenos bailes se mete en el bolsillo a todos y arranca sonrisas y aplausos. Ha sabido ganarse a la gente, y ya no es más “el chico que salía con la Alfano”.

En resumen, “Fantástica” es eso: lentejuelas, chicas lindas, cuerpos perfectos, mucha piel, chistes subidos de tono y el esbozo de una revista que, a veces, logra surgir entre la chabacanería. Hasta el ministro Adaro se animó a opinar por twitter sobre la obra, enviando un consejo a este cronista: “No te quejes de Fantástica. Decí que no te mandaron a cubrir el encuentro Rodríguez Saa-PD-PJ Federal. Fantástica tiene más futuro”.

¿Será cierto lo que dice Mario? La gente quedó chocha, igual.