Hoy y mañana, a las 21.30, en el Teatro Plaza de Godoy Cruz, se presentará la obra teatral "Baraka" interpretada por Hugo Arana, Darío Grandinetti, Juan Leyrado, Jorge Marrale y Paula Kohan, dirigida por Javier Daulte.
Las entradas ya estan a la venta y sus valores son: Fila 1 a 13: $120; Fila 14 a 24: $100; Planta Alta: $80
Para consultar si hay localidades disponibles el teléfono del teatro es 4133255.
La obra
"Baraka", la consigna que unió en los años de juventud a cuatro amigos (Julián, Tomás, Martín y Pedro), pasa a ser, 30 años después, un sinsentido que resuena como un eco vacío, como una cáscara sin contenido, en esta obra de la dramaturga holandesa María Goos.
Todos se reúnen, después de varios años, en casa de Pedro (Darío Grandinetti) para solidarizarse con un problema legal que lo obliga a devolver ciertas piezas de arte adquiridas durante sus 21 años como empleado municipal.
Julián (Juan Leyrado), a las puertas de un nombramiento ministerial, lleva a sus espalda un rotundo fracaso matrimonial, traiciones varias a su posición ideológica con reiterados cambios de partido político sin que lo inquiete escrúpulo alguno.
Tomás (Jorge Marrale), abogado, perdido en la droga, con dos años de encierro en un hospicio, que intenta volver a la actividad sin que sus fuerzas físicas y psíquicas puedan responderle a pesar de una constante exaltación enfermiza.
Martín (Hugo Arana), un director de teatro de falsa vanguardia que oculta sus frustraciones como ser humano tras su seudocreatividad.
Este negro panorama, por mérito de su autora, no deja de tener momentos hilarantes como cuando rememoran una insólita coreografía sobre un tema de Rafael, tal como lo hacían tres décadas atrás.
Lo mismo ocurre cuando no encuentran mejor manera de festejar el cumpleaños de Julián que contratar a una prostituta, extraño festejo que termina de manera inesperada y donde tiene lucimiento Paula Kohan.
El trabajo actoral demuestra la mejor jugada de un poker de ases que brillan a la luz de la excelente dirección de Javier Daulte.
Con un ritmo ajustado y sostenido como una partitura musical, con la utilización inteligente y teatralmente significativa de la iluminación y la música, Daulte logró el marco perfecto para la inolvidable actuación de cuatro actores que demostraron cómo se hace "en serio" una comedia y cómo se manejan los resortes emotivos en la composición de sus personajes.
Los desbordes de Tomás alcanzan justo la altura que se detiene un peldaño antes de la sobreactuación. Del mismo modo, la homosexualidad de Pedro es manejada con una magistral economía de gestos y actitudes tan medidas que logran sugerir más que mostrar, en un excelente trabajo actoral.