La mañana en que "Dandy" sacudió mi corazón

Dentro de mi tarea periodística tuve la suerte de entrevistar a Rubén Juárez y descubrir un artista de tremendo talento. Hoy, nos dejó fisicamente pero su impronta perdurará por siempre.

Hace 9 años hice mi única entrevista a Rubén Juárez, uno de los pocos bandoneonista que cantaban. Fue una de las más lindas que hice en mi carrera como periodista porque disfruté de un momento único, íntimo, total.

Fue en el café del hotel Aconcagua. Juárez acababa de presentarse en un Americanto y quien escribe se enfrentaba por primera vez a un tanguero de ley.

Obviamente, antes de la charla le expliqué de mi situación de desconocimiento de la música ciudadana, y cual padre a su hijo me dijo: “Pibe, escuchá más tango. No te vas a aburrir y después te vas a enamorar de él”.

Tuvo razón. Escuché más tango y me empecé a enamorar de esa música, tal como lo había profetizado el maestro.

Hoy, con el tiempo, agradezco ese consejo. Después vinieron muchas más entrevistas a  tangueros  como Mores, Mederos, Adriana Varela, “Chiqui” Pereyra y los chicos de la Fernández Fierro, pero haber descubierto el tango gracias a Rubén Juárez es algo que llevo en mi corazón.

Y hay algo que perdurará aún más: conocía un solo tango interpretado por el “Gordo” y era “Dandy”. Después de la charla, desenfundó el bandoneón para posar ante el fotógrafo. Y, mientras tanto, lo acariciaba, lo descubría, lo hacía hablar. Lo miré e hice lo que nunca hago: le pedí un tema. “¿Algo en especial, pibe?” me preguntó, y salió “Dandy, maestro”. Fue un lujo egoísta y completo. Por primera vez en mi vida un tango sacudía mis entrañas.

La semana pasada conocí la noticia de su enfermedad y rescaté de mi memoria los toques junto a los queridos Altertango.

Y esta mañana, su muerte me sacudió –cosa que iba a suceder-.

Hoy recuerdo a Rubén Juárez, el más rockero de los tangueros. Y le agradezco que esa mañana me sugiriera que escuchara tangos. Hoy, se fue a tocar con la gran orquesta que está marcando el 2 por 4 en el cielo.

Para el final dejó una parte de esa entrevista:
-El común de la gente piensa que el tanguero es el tipo que va y canta sus tangos en la noche, y de ahí se va a fumar, tomar whisky y a disfrutar de las buenas minas. ¿Es así o es una fantasía?
-Creo que esa fantasía no se debe perder nunca. Es la mística del tango. Es la bohemia que se necesita para sentirlo con el corazón. A la hora de componer, personalmente necesito noche, faso, un buen whisky o un vino. Los duendes aparecen por ese lado. No creo que a alguien tomando un café le puede salir un tango como “Cafetín de Buenos Aires”.