Misia en Mendoza: una noche de amor con una diva

Anoche, en el Independencia, la belleza apareció despojada de la mano de una cantante claramente encantadora, talentosa y sensual; una mujer detenida entre un silencio y otro. Mísia, anoche, dio un show de esos que uno tiende a no olvidar con el paso de los años. Lo mejor del caso es que eso no fue todo: entrá a esta nota y enterate.

Mísia, anoche, en el Independencia. Foto: Gerardo Gómez/MDZ
Mísia, anoche, en el Independencia. Foto: Gerardo Gómez/MDZ

No es habitual que la belleza aparezca en la mejor de sus formas: el despojo. Normalmente, la belleza se produce para ser bella; normalmente buscar impactar, mostrarse fuera de lo común, asociarse más con el milagro que con la sabia y detenida mirada.

Anoche, en el Independencia, la belleza apareció despojada de la mano de una cantante, Mísia, de ella hablamos, básicamente encantadora, talentosa, sensual, como detenida entre un silencio y otro. Mísia, anoche, dio un show de esos que uno tiende a no olvidar con el paso de los años.

La cita estuvo dividida en dos partes muy diferentes, aunque bajo el mismo halo misterioso de esta diva de la música del Portugal, quien invitó a un teatro lleno a emprender una especie de viaje por el territorio de los sueños, de la mano de su último y perturbador disco doble, “Ruas”: “Calles de la vida, calles del corazón, calles de la saudade, calles del amor y de la ausencia, calles de todas las calles. Las del destino y las del fado. Vamos por esas calles”, invita ella en un perfecto castellano, tanto como su francés, su italiano y su inglés.

La primera parte se llamó “Lisboarium” e hizo punto en la faceta más tradicional de su repertorio: los fados, esa melancólica y hermosa música urbana, pero de puertos, hecha, por tanto, de despedidas, hecha de ausencias, como los versos de Fernando Pessoa.

Entonces, Mísia brilló por aquello que la ha hecho famosa en el mundo: su manera de cantar el fado, aportándole a esa saudade ancestral, ese dolor de ausencia que lo constituye, dos pilares fundamentales: los colores de su estupenda voz y un giro en la interpretación moderno, por momentos glamoroso y cabaretero, por momentos rockero y personalísimo. Tal ventura, por cierto, la separa y vuelve complemento de la gran cantante de fados de todos los tiempos, Amalia Rodrigues.

“Lisboarium” dejó así un recorrido jubiloso por esa tradición, incluso musicalizando al enorme Pessoa en algunos de sus versos fundacionales: “O poeta é um fingidor. / Finge tão completamente / Que chega a fingir que é dor/ A dor que deveras sente” (“El poeta es un fingidor. / Finge tan completamente/ Que hasta finge que es dolor/ El dolor que de verdad siente”).

Se destacaron en esta parte fado “de Santa Catarina”, su “Autopsocografia”, “Que fazes aí, Lisboa” y especialmente el fado “Inventaire”, un bello poema compuesto en francés para ella por el poeta Vasco Graca Moura.

La banda de la portuguesa se completó con Bernardo Couto, viola de fado, Luis Cunha, violín, Daniel Pinto, bajo acústico, y Joao Bengala, guitarra portuguesa. Para la segunda parte, se sumó Geoffrey Burton, en guitarra eléctrica,

La segunda parte del espectáculo, llamada “& Tourists”, encontró a Mísia versionando “por Mísia” a artistas enormes e íntimos al mismo tiempo. Así, dejó oír, por ejemplo, la tremenda “Hurt”, de lso Nine Inch Nails, “Como el agua”, de Camarón de la Isla, “Fallaste corazón”, de Chavela Vargas y la inquietante versión del clásico de Dalida, la cantante egipcia (con ascendencia italiana y formación francesa): “Pour ne pas vivre seul”, que terminó por enamorar a todos.

Hacia el final, incluso, la señora se puso piel de tanguera y encaró “Naranjo en flor”, de Virgilio y Homero Expósito.

Fue, en definitiva, una cita de lujo que no terminó con el show en el Independencia…



Planeta Fusari



Mísia y su amiga, Valentina Fusari.

En efecto, la noche, luego del maravilloso show, siguió con Mísia, su banda y un grupo de treinta invitados en el estudio de danza contemporánea de Valentina Fusari (la gran artífice de la venida de Mísia a Mendoza) y su hermana Lucía.

Allí, las Fusari ofrecieron otro lujo: su obra “Fados” para danza contemporánea, inspirada en la música de Portugal y, en particular, en los fados de Mísia.

Allí, ahora en un nuevo rol, sentada en una silla de la Sexta Sección, la diva portuguesa fue público y se dejó emocionar por la obra de las hermanas y el cuerpo de danza que dirigen.

Lo demás, habrán de imaginarlo, fue una larga noche, unos vinos generosos y el placer de la charla sobre música, poesía y saudades con una mujer francamente extraordinaria.

Mísia posa junto a parte del ballet Fusari, anoche, luego del espectáculo de danza.