Abrumados por el dolor, con las manos extendidas para brindarle la última caricia, allí estaban sus padres, desbordados por la congoja en el último adiós a Lucas Rebolini Manso, en el cementerio de la Chacarita.
Antonio Grimau (69) se mordía los labios. Leonor Manso (61) no paraba de rezar. El silencio era crudo, avasallante. Ambos rozaban el cajón, entre los sollozos de sus seres queridos. Quebrados, no pronunciaron palabra y se juramentaron a no hablar, por respeto.
Tan sólo atinaron a abrazar a sus hijas. Antonio, apuntalado por Antonia (13) y Luciana (26); Leonor sosteniendo como podía a Paloma (27), que no podía parar de llorar.
Si querés leer más de esta nota que aparece esta semana en la revista Gente, hacé click acá.