De los distintos microcosmos, paraísos imposibles o trópicos mágicos, sólo uno conjuga todos los elementos naturales.
Casi una reinterpretación de las palabras del poeta surrealista francés Paul Eluard: “Existen infinitos universos, pero todos existen en éste”. Sí, Punta viene a ser algo así como el aleph del verano. Todo le cabe y todo le compete, inscripto ya en esa suerte de mitología que se genera alrededor de los lugares perfectos. Así lo dirán los que sobrevivan al último de los días: “Había una vez, Punta del Este”. Y a tantos otros se les hará cuento que empezó Manantiales, La Barra, José Ignacio...
Los juzgarán tan eternos como el agua y el aire. Y un rumor de atardecer cayendo sobre La Mansa dirá que es cierto: todo el mar y todo el río, esa confluencia misteriosa, es patrimonio de los lugares eternos.
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