"Quiero champagne", suelta ni bien sale del estudio y una copa salta alegremente a su mano. Es la madrina de la FM y pasea ese título por la Argentina desde el año pasado, cuando justo en esta capital anunció que llevaría a su equipo a varias ciudades argentinas. Hablamos de "Elizabeth Vernaci, "La Negra", que desembarcó en Mendoza con su "Tarde negra", el programa que emite por la Rock&Pop.
Huelga decir: es una de las voces más identificadas con la emisora que alguna vez, en una galaxia muy lejana, creara Daniel Grinbank allá por los `80, cuando la frecuencia modulada era un fenómeno incipiente en el éter.
Vernacci volvió a Mendoza, un año después, junto a parte de su equipo: el conductor de 678, Luciano Gallende; el actor Humberto Tortonese, y el humorista e imitador Carlos Sturze -para ubicarlo hay que remontarse a la Argentina en crisis de 2001/2002: era uno de los "raporteros" que aparecía con Marcelo Tinelli-. Faltó a la cita la otra figura del programa político más polémico de los últimos años y creador de ese hit kirchnerista que es "La mierda oficialista", Carlos Barragán.
Ni bien uno entra a los estudios locales de la emisora, entiende que los tiempos radiales de un programa capitalino son otros. Es un vértigo de dos horas en las que hay llamadas de fanáticos mendocinos y el fugaz tiempo del corte para salir a fumar o pedir una bebida.
Momentos. Cada vez que "La Negra" se asoma, pareciera que ese delirio no queda en la órbita del micrófono. Lo suelta todo el tiempo, acompañado de una risa que al tiempo que mete miedo, contagia. "¿Esta es tu pareja?", le pregunta a La Turca, la vedette y travesti que espera en el pasillo contiguo, junto a un muchacho. Luego le advierte que esta noche pasarán por uno de los boliches gays de Mendoza.
Corte. Sale Gallende a fumar. Queda Tortonese y Vernacci, que baila un tema de los Redondos sin necesidad de levantarse del asiento. Pide leer los mensajes que llegan y entonces se percata. "Este mouse es muy chiquito. Estoy acostumbrada a tener cosas más grandes en la mano", suelta y ríe. Satánicamente, ríe.
Aire. Llama una oyente local: "Soy fanática tuya, no de Pergolini. Quería ir a verte pero no pude porque tengo que cuidar a mis hijos", declara en abierto romance. "¿Cuántos chicos tenés?", pregunta la conductora. "Cuatro", responde la mujer. "¿Pero lo único que hacen en Mendoza son pibes? Y además de cuidar chicos, ¿de qué trabajás?". "Vendo ropa interior". "Uyyyy...¿y la probás con tu esposo?", arrojan sin pudor.
Así volvió La Negra a Mendoza y marcó el tempo de la tarde, como una croner sin fueros en ese escenario radial que ha montado en "Tarde Negra". Y mientras imponía ese delirio, un puñado de oyentes se iban juntando sobre el boulevard Mitre, a esperarla a la salida. Los únicos ajenos al vértigo son los vendedores del pase, que ya arman los gacebos, en tanto "La Negra" pide una pileta para superar los 29 grados de esta Capital.