Tenía el destino marcado desde la panza de su madre, Mili. “Es que ella jamás dejó de bailar, prácticamente hasta el día en que nací”, cuenta María Emilia Claudeville, hija de Ricardo, médico ginecólogo, y de Alejandra, docente de danzas clásicas.
Esta diosa que hoy tiene 21 años, 1.73 de altura, 51 kilos y curvas de 87-60-90, a los dieciséis –cosa lógica teniendo una bailarina en su casa, en la ciudad de San Juan–, se recibió de profesora de baile, “aunque no tengo pensado ejercer”.
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