De insultar y forcejear con los fotógrafos para evitar documentos gráficos que lo incomoden, de ensayar expresiones de desgano a la hora de firmar autógrafos y de tentarse con inusual facilidad con cuanta pollera se cruzara en su camino, Gonzalo Heredia (28) pasó a ser un hombre simpático con los medios, fiel con su pareja y amable con la comunidad femenina que tanto lo admira.
De manera inesperada y hasta sorpresiva, han comenzado a quedar en evidencia algunos cambios que fueron proveyéndole cierta dosis de equilibrio a su vida, sexualmente desenfrenada y huérfana de compromisos sentimentales verdaderamente serios.
Su conducta, por momentos bélica contra la prensa y fácilmente irritable, empezó a aparentar una mejoría palpable y perceptible, edificándole una imagen más seria y cordial.
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