Maximiliano Guerra o el arte de reciclar "Rituales"

El reconocido bailarín brindó el viernes, acompañado del Ballet del Mercosur, la primera función de "Rituales" ante un Teatro Plaza colmado. El público vitoreó entusiasmado una propuesta que, lejos de ser novedosa, remoza gran parte de "Más Argentino", su anterior espectáculo pero que permite ver a Guerra en un solo memorable.

Maximiliano Guerra, en acción. Esta noche vuelve a presentarse. Foto: Gerardo Gómez/ MDZ
Maximiliano Guerra, en acción. Esta noche vuelve a presentarse. Foto: Gerardo Gómez/ MDZ

En junio del año pasado, pudimos ver uno de sus espectáculos en el Teatro Independencia: “Más Argentino”, un programa mixto en el que “la argentinidad” asomaba tímidamente dentro de la melange de piezas que lo integraban.

Esta vez, Maximiliano Guerra y el Ballet del Mercosur arribaron a Mendoza –al Teatro Plaza- con “Rituales”, un espectáculo que, lejos de ser novedoso en términos coreográficos y de puesta en escena, remoza gran parte del anterior. La segunda función será esta noche las 21.30, en el mismo espacio escénico.

Así, el programa integra (recicla) los cuadros “Ritual”, un atractivo diseño coreográfico de folclore contemporáneo con aires vendimiales; “La última luna”, pas de deux que da vida a una delicada obra de Sergei Rachmaninnoff (interpretado, en 2008 por Guerra y su esposa, Patricia Baca Urquiza; ahora, en cambio, por la mendocina Celeste Fernández y un bailarín del ballet) y “Cuando bailamos”, un cuadro que lleva los trazos coreográficos de Guerra y que respira una atmósfera pícara, alegre, divertida.

En sus contadas salidas a escena, el bailarín recibió la ovación del público.

Dos “rituales” marcan la diferencia entre un espectáculo y otro: la primera parte, “2 x Danza”, segmento dedicado íntegramente a la música ciudadana y “Arms”, un solo en el que Guerra despliega abiertamente sus virtudes corporales e interpretativas (aquí sí, más que meritoria la ovación del público).

En el primero, el cuerpo de baile dibuja con precisión y a ritmo de dos por cuatro los diseños pergeñados por Romina Guerra y Raúl Moreno. El tango y su carga emocional (esa marea de pasiones, encuentros, adioses, deseos incumplidos, penas) se metamorfosean (desde Santaolalla hasta Troilo, de valses a tangos) para mostrar algunos de sus múltiples rostros. Punto.

Una escena de "2 x Danza?".

El solo de Guerra, sin duda, es la exquisitez de la velada (“lo bueno, si breve, dos veces bueno”). En “Arms”, la riqueza expresiva está dada por las sutilezas corporales y por la calidad de energía que estas requieren. Un trabajo magnífico que se aleja del neoclásico para acercarse a la danza contemporánea e incluso la danza teatro, y en el que subyacen también reminiscencias a las danzas orientales.

Ahora bien, en lo que respecta a puesta escénica vale mencionar dos detalles técnicos, que tienen estrecha relación con las características del lugar elegido para montar el espectáculo: el sonido podría haber sido mejor y la puesta de luces hubiera lucido aún más si la boca del teatro fuera más alta.

¿Hasta cuándo?

Luego de “Rituales” (que, valga la aclaración sólo es uno de los tantos ejemplos), la pregunta resulta inevitable: ¿hasta cuándo veremos espectáculos remozados que llegan de la mano de figuras de primera línea?, ¿hasta cuándo los aplausos exacerbados y los vítores, siempre fieles, para este tipo de propuestas?

No se trata de desmerecer las propuestas foráneas porque cierto es que muchas de ellas abundan en talento, vanguardia, excelencia o virtuosismo pero también es cierto que hay otras que no y sin embargo, nunca son cuestionadas o puestas en duda.

Más bien se trata de volver la mirada hacia los artistas locales, para descubrir que aquí, en Mendoza, también existen espectáculos que reúnen esos dotes artísticos.