Jonas Brothers desató la euforia de miles de "teens" en River

El trío de pop estadounidense se presentó anoche en el Estadio River Plate ante una enardecida y multitudinaria platea con mayoría femenina. Sin bises pero con un gran despliegue escénico, el show comenzó con Demi Lovato y siguió con los jóvenes hermanos. Su presentación coincidió con el estreno de su película en 3D.

Los hermanos junto a Demi Lovato, otro producto Disney. Foto: web
Los hermanos junto a Demi Lovato, otro producto Disney. Foto: web

Finalmente, Jonas Brothers se presentó anoche en el estadio de River Plate para enardecer a una multitud de adolescentes, con mayoría femenina, con un repertorio conocido por los fans.  Cerca de 50.000 teens deliraron en show de gran despliegue escénico que incluyó videos, láser y una puesta lumínica impactante.

En la previa del show estuvo Leo García, quien luego dio paso a la estadounidense Demi Lovato -amiga del trío y, como ellos, un producto Disney-.

Pasadas las 20, los hermanos Paul Kevin II, de 21, Joe, de 19, y Nik  Jonas, de 26, recorrieron sobre el escenario canciones de los cuatro discos que llevan editados, y adelantaron temas del álbum que presentarán en junio próximo Lines, Vines and Trying Times.

Oriundo Nueva Jersey, vinculado a la factoría Disney y parte de la empresa Universal Music Group, el trío ya cumplió decenas de giras por Estados Unidos y otros países, y su visita a la Argentina fue transformada por algunos medios como el acontecimiento artístico del año.   

Los detalles del show

Cualquiera puede acudir a un show de los JB con muchos prejuicios, entre ellos aquel que los señala como un hito cultural del conservadurismo más craso en su país, a punto de que se ha publicitado que los tres hicieron voto de castidad hasta el matrimonio.   

Si es así hay que ver cómo se las arreglan con las oleadas de progesterona que les llega desde las plateas, con chicas teens y mamás aún en edad de merecer capaces de algún desatino con tal de tenerlos cerca.

Lo que sorprende es que los JB son músicos interesantes, cantantes con ángel y compositores -si es que son ellos quienes componen- atendibles aunque no originales. Más de un título se asemeja sospechosamente a famosos precedentes.   

A primera vista se parecen muy poco a los grupos de rock tradicionales: pulcros en el vestir y en los peinados, dan la sensación de atrasar 50 años y pertenecer a aquellos grupos pre-Beatles surgidos a todo lo ancho de Estados Unidos a mediados del siglo XX.    

Hasta el rock que hacen es cuadrado y sus letras -para quien llega a descifrarlas- están muy lejos de la desazón ante el mundo y la opción por vidas diferentes que curten muchos rockeros, incluso argentinos, a partir de la década de 1970.
  
Otra cosa sucede con la telonera Demi Lovato, quien a pesar de pertenecer también a la línea Disney tiene el encanto y el swing suficientes como para llegar en su madurez a compromisos artísticos más arriesgados, siempre y cuando modere su vocecita destemplada cuando habla con el público.    

La chica abrió su segmento con La La Land y tuvo muy buenos momentos con Don't Forget -tema principal de su flamante CD + DVD- y con Gonna Get Caught, temas que el público pareció conocer de principio a fin. 

Porque en varios espectáculos de ídolos populares, auténticos o inventados, extranjeros o de cabotaje, está lo que sucede sobre el escenario y lo que sucede en simultáneo en plateas, tribunas y graderías.

La característica auditiva del espectáculo de anoche -y de otros destinados al público adolescente- comenzó al promediar la tarde cuando el Monumental empezó a llenarse de gente azuzada por radios y TV, que recomendaban instalarse temprano por alguna razón no explícita.    

Se trata de un sonido penetrante y repetido que, se supone, proviene de miles de gargantas femeninas que pronuncian una "a" muy aguda y al mismo tiempo un silbido que lo recorre; ese sonido de extemporaneidad emocional duró desde temprano y hasta finalizado el espectáculo.   

Acompañó la actuación de Demi Lovato y también la de los JB, al punto de tapar muchas veces las voces y la música provenientes de los poderosos equipos; subió y bajó cuando los intérpretes intentaban dialogar con los presentes y estalló en cada final de presentación.    

Es posible que muchos entendieran las palabras de los artistas -siempre que pudieran oírlas-, pero dio la sensación de que se trataba más de un rito de identificación que de otra cosa, en el que lo espontáneo está fuera.   

Ni Lovato ni los JB hicieron bises y nadie los pidió, como si hubiese un acuerdo sobre la fugacidad de los hechos, como sucede en TV, cuando el goce de un artista es privado y circunscripto al hogar.    

Si no, cómo se explica que familias enteras gasten fortunas en comprar sus localidades y finalmente vean el show con todos sus miembros parados en la sillas, hamacándose, cantando a todo trapo más o menos por fonética y haciendo la "ola" del fútbol.   

La euforia llegó a interrumpir la ejecución de algún tema con ataques de entusiasmadas ovaciones como la descrita, ante la mirada incrédula de los intérpretes, contentos con el festejo del público pero atónitos ante ese exceso de confianza.   

Seductores aunque discretos ante las chicas, sin apelaciones abiertas al sex-appeal, los JB dieron lo que vinieron a dar, incluso con demagogias como vestir una camiseta del 10 y enarbolar sospechosamente una bandera argentina.    

Algunas jóvenes espectadoras no se dejaron engañar: "Eso lo deben hacer siempre con la bandera de cada país que visitan", concluyeron.

La presentación de la banda en suelo argentino coincidió con el estreno de Jonas Brothers: en concierto 3 D, la filmación con técnica tridimensional de una presentación en vivo del grupo, que incorpora secuencias de backstage.

Fuentes: Télam - AFP.