Julio Mazziotti es un notable músico mendocino que viene desarrollando su tarea desde hace muchos años.
Pianista excepcional, Mazziotti tiene la posibilidad de mostrar su arte a todo el público que quiera aceptarlo –y disfrutarlo- y por ese motivo esta noche ofrecerá un concierto en el Teatro Independencia, a las 21.30, donde presentará “La llave de la próxima puerta”, su más reciente trabajo discográfico.
Para el toque de esta noche, Julio contará con músicos invitados como Eduardo Ordóñez (percusión), Leo Mut (contrabajo), Paula Carrizo (voz), el Coro de Amicana dirigido por Mónica Pacheco y la participación especial de Valentina Fusari (danza).
Antes de este esperado concierto (las entradas anticipadas se pueden conseguir en la boletería del teatro), Julio Mazziotti dialogó largo y tendido con MDZ:
-Hace mucho tiempo que no estás en el Independencia. ¿Cómo surgió la idea? ¿Es un desafío?
-Es verdad, la última vez que estuve en el Independencia con una propuesta propia fue en el año 1993, que presentamos con mi antiguo dúo "Dos de la medianoche " junto a Javier Casetti, un CD llamado "Como la Buena Gente". La idea surgió basicamente por una necesidad de darle al público que me ha seguido durante todos estos años, en mis distintos ciclos, algo realmente especial. Hablo desde la comodidad de las butacas, el silencio que brinda esta hermosa sala, hasta la cuidada puesta de luces, sonido, ese maravilloso instrumento que recientemente adquirió la provincia (un piano Steinway Grand Cola), a la altura de las grandes salas de concierto del mundo. Estoy convencido que esta es la mayor motivación que he tenido para hacer un Independencia, es como una devolución a todas aquellas personas que me han escuchado, que han adquirido mis discos, que me han apoyado en mi propuesta de música instrumental "mendocina". El desafío siempre existe, la convocatoria, la respuesta del público a la propuesta del artista siempre es un desafío.
-¿Qué es “La llave de la próxima puerta”?
-“La Llave de la próxima puerta” es el título de mi nuevo trabajo y también del espectáculo que estoy presentando. Surge de una idea recurrente en mí; es una metáfora que tiene que ver con una filosofía de vida. Creo que en cualquier proyecto uno tiene la obligación de buscar llaves para abrir diferentes puertas; las puertas para mí tienen un significado muy particular, ya que así como dividen y limitan también te dan la posibilidad al encontrar las "llaves" correctas de abrirlas, de traspasar espacios, frecuencias y, hasta si querés, tiempos diferentes, encierran misterios listos para quien desee descubrirlos.
-Contame cómo es el disco, donde lo grabaste, con quien….
-El disco está grabado en el estudio "Sobremonte" de Natalio Faingold. En un Piano Yamaha de 1/4 Cola, absolutamente a tracción a sangre, quiero decir sin absolutamente ningún instrumento electrónico, sin sobregrabaciones, sin ediciones, sin trucos de pasterización. Es un disco íntimo, minimalista; no busqué la perfección musical, si no la manera de transmitir una energía especial, para los amantes del piano y de la música descriptiva. A diferencia de los discos anteriores lo grabé sólo, una relación íntima entre el piano y mis composiciones.
-Durante mucho tiempo tocaste en el MAMM y en la sala Elina Alba, ¿cómo fueron esas experiencias?
-Absolutamente enriquecedoras desde todo punto de vista. En el Museo de Arte Moderno hice un ciclo de, nada más y nada menos que 8 años… ¿muchos no? Hasta a mí me cuesta creer esto. Comencé allá por el año 2000 con una frecuencia de 1 o 2 sábados por mes; esta frecuencia con el tiempo se fue incrementando, hasta llegar a tocar absolutamente todos los sábados; no se suspendía por nada, ni por lluvia ni porque era la fiesta Central de la Vendimia, o porque en el predio central de la plaza Independencia hubiera un festival. Era un fenómeno, para mí y para las personas que iban a escuchar era casi un ritual. Había personas que asistían todos los sábados, y yo no lo podía creer; también acudían muchos turistas extranjeros. El año pasado, por una cuestión de falta de espacios se empezó a compartir la sala con otros artistas y la frecuencia disminuyó muchísimo. Para este año tengo un par de fechas a definir en esa sala. Es una sala muy querida por mí, por lo que significa para mi propuesta. En la sala Elina Alba, el año pasado inicié el ciclo "Música Para Imaginar", aprovechando la arquitectura de la sala y ese viejo piano Pleyel de cola se creaba un ambiente bastante especial. Este ciclo estaba auspiciado por la Secretaría de Cultura de la Provincia y me dio muchas satisfacciones ya que el público siempre me acompañó. Con Chichí Bertiz -la coordinadora de la sala- practicamente asumimos el desafío de generar un ciclo de conciertos de estas características y creo que nos fue muy bien. Al punto de que para este año tenemos planeado armar algo parecido.
-También estuviste en el exterior, ¿qué quedó de eso?
-Estuve en Europa, invitado especialmente a la ciudad de Zürich en Suiza, por unas personas que estaban de paseo por Mendoza y me escucharon en el Museo de Arte Moderno. Estaban relacionadas con el Conservatorio de Música de esa ciudad. Iba a realizar 2 conciertos y terminé haciendo 8. Fue una experiencia alucinante. En todos los aspectos. Tuve la posibilidad de conocer muchas ciudades de Francia, Italia, España, Alemania, y Suiza. Quedaron los contactos y la posibilidad de volver en algún momento. Una experiencia inolvidable.
-¿Cómo ves el panorama musical de Mendoza?
-A pesar de que las condiciones son bastante adversas para los músicos mendocinos, veo que hay una producción de bandas nuevas y muchos músicos de excelente calidad, con propuestas más que interesantes. En la movida del rock creo que hay varias bandas que vienen empujando bien. También hay buenas propuestas de tango y melódicos en sus distintas expresiones. Me parece que habría que sacar más al ruedo a los estudiantes de música clásica, ya que es fundamental estar arriba de las tablas, pero es algo que quizás deberíamos analizar con mayor detenimiento entre todos. En fin creo que Mendoza sigue siendo un muy buen semillero de músicos, que habría que valorar un poco más.
-¿Es difícil mantenerse como músico en una provincia como la nuestra?
-Yo diría que en cualquier parte del mundo es una profesión bastante difícil, a la que hay que buscarle la vuelta para no perecer en el intento, pero indudablemente es una de las más lindas, es algo así como el fútbol, a todos les gustaría que le pagaran para jugar, pero sólo unos pocos consiguen resolver absolutamente su tema económico con esto. Los músicos de alma generalmente se las ingenian para sortear los obstáculos, aunque más no sea compartiendo su tiempo con alguna otra actividad paralela. En Mendoza al menos es algo bastante generalizado.
-¿Qué es lo que sigue después de todo esto?
-Seguir buscando alguna otra llave que me abra la siguiente puerta… (risas)
-¿Cuál es tu sueño para esta noche?
-Que la gente pase un momento mágico, compartir con la mayor cantidad de personas posibles esa sala, ese maravilloso piano, mis invitados especiales y toda la calidez que estamos buscando para recibir al público como se merece.
-Cuando mirás para atrás, ¿qué ves?
-Pocas veces miro para atrás, estoy tan atento a ver qué es lo que viene que no me detengo muy seguido a ver qué pasó, pero cuando alguien me lo pregunta como en este caso, no puedo dejar de pensar en que ha pasado bastante agua debajo del puente...